ENVIA YA TU RELATO. GÉNERO: NOTICIA Y TEMA: "AHORA"

ENVIA YA TU RELATO.  GÉNERO: NOTICIA Y TEMA: "AHORA"

ESTAMOS PUBLICANDO AHORA LOS RELATOS DE: GÉNERO: TERROR; TEMA: EL MIEDO.

ÓRDEN DE PUBLICACIÓN EN EL LATERAL DEL BLOG. DISFRUTAD DE LA LECTURA, AMIGOS.


lunes 9 de noviembre de 2009

ATRAPADA

Con un leve esfuerzo una bocanada de aire entra por mi garganta, lo noto caliente al pasar por mi garganta, y como si me quemara y explotara en los pulmones, noto el palpitar de mi corazón el la sien, en mi reseca garganta, en el pecho, gotas de sudor resbalan por mi frente, es que como si me olvidara de respirar, otra bocanada fuerte entra por mi boca, mis manos tiemblan, mis oídos se taponan, intento mantener la calma, apoyo mi cuerpo contra la puerta cerrada, intento pausar mi respiración, frenar el frenesí violento de mi corazón.

-PAM- un golpe seco suena tras la puerta en la que estoy.

Me estremezco de terror.

Intenta abrir la puerta, la empuja y yo hago presión para que no lo consiga, empujo con todas mis fuerzas, pongo las manos sobre la pared para hacer más presión, pero poco a poco mis pies resbalan por el suelo y la puerta cede.

De repente para, no me lo pienso dos veces, abro la puerta y echo a correr, corro con todas mis fuerzas, oigo como me persigue, le oigo que esta detrás de mi.

Todo el mundo me lo había avisado, todo el mundo me había dicho que tuviera cuidado, yo nunca les creí.

Note algo frío, como si estuviera húmedo, me rozo el hombro, intente correr aún mas deprisa, algo me aferro por los hombros, forcejee con el, chillaba, daba patadas, puñetazos, luchaba por intentar soltarme, sus brazos me rodearon con una fuerza infrahumana, me empujaban hacia el suelo.

Caigo de rodillas, dejo de luchar, agacho la cabeza, respiro entrecortadamente, los brazos que me rodean aflojan la presión.

-no podrás conmigo- digo entre dientes.

- ja, ja, ja, ja.- ríe.

Me suelta pero yo ya no tengo fuerzas para seguir luchando, se pone delante de mi, me agarra con el pulgar la barbilla y me gira la cabeza hacia arriba, cuando le veo el rostro, una lágrima resbala por mi mejilla.

-No, por favor, no, suplico.

Tarde. ¿No crees?

Cierro los ojos. Asumo el final.


ESTOY CONTAGIADA DE GRIPE A.

Camino.

sábado 7 de noviembre de 2009

A UNA MUJER MUERTA


“Al excelente espíritu de Ankhiry:

Quiero que sepas, Ankhiry, tú que fuiste mi esposa, que yo, Ahmosis, capitán de los arqueros del faraón, nunca cometí ningún crimen contra ti… Todas las noches, sin embargo, estoy sumergido en el miedo que me produce contemplar, horrorizado, como tu espíritu se manifiesta ante mi corazón. Los estremecimientos que me produces, desde hace muchos meses, impiden que Ahmosis pueda dormir. No se porqué has decidido que el miedo sea el señor de mi cuerpo… ¿Qué falta cometí para que cada noche me acose tu espíritu?, ¿qué es lo que hice para quedar esclavo de ese temor que tú, la mujer a la que tanto amé, me produces cada noche?

Quiero que sepas que yo, Ahmosis, siempre te traté del modo en que un oficial del faraón debe tratar a su esposa… Solo una vez me aleje de ti. Fue cuando nuestro rey me ordenó viajar a la Tierra del Horizonte. Su Majestad deseaba que Ahmosis trajera de aquel país lejano una Mujer Belluda y un Hombre Niño… Cuando regresé supe que Ankhiry ya no vivía en la Tierra Negra… Tu espíritu se había ido al Reino de los Muertos. Sabes que lloré por ti y que hice todo lo que un oficial del rey debe hacer por su esposa muerta.

Sabes también que antes de ese viaje a la Tierra del Horizonte, del que regresé con riquezas y esclavos, siempre te traté como una mujer debe ser tratada. Nunca permití que tu corazón sufriera. Siempre quise que estuvieras a mi lado. Nada te oculté en los días de tu vida. No consentí que sufrieras dolor alguno. Nunca me acusaste de que te sintieras desatendida. Nunca te traté como si yo fuera un campesino que entra en una casa extraña y desconoce como debe comportarse. Sabes que repartí entre tu cuerpo y el de nuestra amada esclava Gilukhipa mis deseos sexuales, tal y como debe actuar un oficial del faraón. Ahmosis siempre quiso complacer tanto a su esposa como a la Mujer de Ojos Ardientes a la que hizo esclava tras derrotar a los Hombres de las Arenas. Bien sabes que nunca entré en la noche en los cuartos de tus hermanas. Sabes también, Ankhiry, que nunca dejé que te faltaran tus ungüentos, tus provisiones y tus ropas. Nunca me desentendí de ti. Siempre dije a los hombres: “Ella está aquí y Ahmosis cuida de ella”.

Pero, mira, Ankhiry, no sabes apreciar el bien que hice contigo. Desde que supe de tu muerte ordené que todas las cosas buenas estuvieran en tu Casa de Eternidad. Nunca han faltado en tu tumba las ofrendas de carne, cebada y espelta. Todo lo que un oficial del rey debe hacer por su esposa muerta lo ha hecho Ahmosis por Ankhiry. Sabes también que hice que Gilukhipa, la “Mujer de las Arenas”, llorase también tu ausencia.

¿Porqué, entonces, no eres capaz de distinguir el bien del mal?, ¿porqué tu espíritu se manifiesta todas las noches y me produce miedos intensos?, ¿porqué no dejas que mi cuerpo descanse por las noches?. Mira, Ankhiry, he escrito esta carta, que voy a depositar en tu Casa de Eternidad, para que sepas que he decidido emplazarte ante el Tribunal de la Enéada de dioses. Ra y los grandes dioses sabrán que Ahmosis, capitán de los arqueros del faraón, está siendo atormentado por tu excelente espíritu. Ellos serán, cuando sepan que el miedo invade mi corazón, los que decidirán que es lo que se tiene que hacer.”

Nota del traductor

Esta documentado que los antiguos egipcios, en ciertas ocasiones, no dudaban en escribir cartas a los muertos. La carta que nos ocupa habría sido depositada junto con algunas ofrendas en la tumba de su esposa por un viudo atormentado por el excelente espíritu de ella. En el texto el hombre hace saber a la difunta que va a denunciarla ante el Tribunal de los dioses.

Deseando profundizar en esta inquietante cuestión, Antiqva no dudó en consultar los archivos de la Casa de la Vida del templo de Amón en Tebas. Al poco, tuvo la suerte inmensa de encontrar en un antiguo papiro el reflejo de las actas de ese juicio celestial. Un escriba Ágil de dedos se había encargado, hace miles de años, de reproducir lo que Ankhiry había argumentado en el proceso y lo que, finalmente, los dioses habían establecido conforme a Maat. Supo así Antiqva que lo que la difunta reprochaba a su esposo era que cuando ella murió su cuerpo había sido momificado y se le había practicado la magia de la Apertura de la Boca. Luego se había depositado su momia en la Casa de Eternidad, pero nadie se había ocupado de realizar el ritual de las Cuatro Antorchas de Glorificación, a través del cual la Luz divina de Ra tendría que haber iluminado al espíritu de Ankhiry cuando este, en la noche, estaba atravesando el Inframundo de Osiris en busca del Reino Celeste de Ra.

Sin la luz de Horus que emiten las antorchas y sin las palabras mágicas de los rituales, Ankhiry había quedado atrapada en el Reino de la Noche y por eso, una y otra vez, su espíritu, lleno de terror y angustia, se manifestaba ante su viudo, solicitando su auxilio. Lo que ocurre, seguro que todos lo sabéis, es que los muertos no son capaces de traducir a los vivos, en palabras, lo que desean. Ese fue el motivo de que Ahmosis, tras las continuas apariciones del espíritu de la difunta, hubiera estado a punto de enloquecer de miedo.


Nota final

Debe Antiqva dejar constancia de que todo lo que el lector ha leído es una mera fabulación. Sin embargo, en el Papiro Leyden 371 se ha conservado el texto de una carta real que un viudo dirigía a su esposa muerta, llamada precisamente Ankhiry, nombre que hemos querido mantener en nuestro cuento. Parece que el papiro se encontró enrollado en torno a una figurita femenina en la tumba de la mujer.

Digamos, finalmente, que Antiqva ha sabido que una vez que se realizaron los rituales de las Cuatro Antorchas de Glorificación, tal y como están establecidos en el capítulo 137 del “Libro de los Muertos”, Ankhiry cesó de manifestarse a su atormentado esposo. Desde entonces, en el Cielo, luce una estrella más.


ANTIQVA

jueves 5 de noviembre de 2009

MI QUIMERA

Ganas fuerza, coraje y confianza por cada experiencia en la que realmente dejas de mirar al miedo a la cara. Te puedes decir a ti mismo: 'He sobrevivido a este horror y podré enfrentarme a cualquier cosa que venga'. (Eleanor Roosevelt).


Cuando me vi frente al dragón, me temblaban hasta las entendederas, mas cuando lo tuve frente a frente, a través de su mirada maligna pude observar una pequeña luz, quizás reflejo del fuego que nos separaba, y que él había prendido para mostrarme su poder.


Entonces le hablé, si bien no sabría decir cuál de sus cabezas era la que me escuchaba. Siete pude contar, aunque no dejaban de moverse y mi concentración estaba más en mi espada, levantada en mi defensa, por si acaso me atacaba.



- "Atrás... yo no te he hecho nada¡¡¡."



De pronto sentí que el dragón y yo eramos uno, quizás por la magia del fuego que entre nosotros ardía, por la transmutación que en sí las llamas representaran.


Su voz sin palabras resonaba en mis oídos, como eco de una poesía que yo antaño escribiera:



“Has de saber una cosa, cuando creces te transformas

pero la guerrera esencia , esa no se disocia.


Sácale brillo a tu espada, y toma este escudo dorado.

Cuando con ello te ornes sabrás admitir estos cambios.



Sal al camino sinuoso, atenta mirada en la espera

que por ahí llega la sombra luchando por ser la Quimera.


Mírala fija a los ojos y aguarda el embate que busca

y cuando la tizona alces, que tu fuerza se traduzca¡¡¡




Entonces te reconocí, Quimera, con tus ojos destilando el miedo que a mi espada le tenías... luego el miedo era mutuo, igual que el respeto.


Y mi fuerza se tradujo... bajé la espada y extendí mi mano para que acercaras tu/s cabeza/s y poder así acariciarte.


Y se obró un extraño milagro. Todas tus cabezas reposaron en el suelo a modo de reverencia. Del mismo modo me incliné ante ti...




- "Hemos sobrevivido al horror. Podremos enfrentarnos a cualquier cosa que venga...".




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Cuando me desperté me quedaba la sensación de tener que poner nombre a cada una de tus cabezas, más solo pude bautizar (por el momento) a la primera que descendió a tierra: Miedo al fracaso...


Con los días iré encontrando el apelativo acertado para todas las demás...



Con el tiempo y con Confianza.


Y así es...


Soy la que soy.

martes 3 de noviembre de 2009

EL AROMA DEL MIEDO

Se apagan las luces, empieza la función. El conocido sonido del motor del proyector llega a mis oídos, me encanta.

Cómo ha cambiado tanto desde aquellos armatostes, aún recuerdo aquel FH99-35/70 del Cine Cervantes de Sevilla, cuántas buenas horas pasé allí. O el estreno de “El Ladrón de bicicletas” de Vittorio de Sica, qué tiempos, memorables e inmortales en mi memoria.

Pero, ahora todo ha degenerado en demasía, productos comerciales a mansalva. La gran maquinaria de Hollywood que nos inunda con sus temibles estrenos multimillonarios, multitud de efectos especiales, películas repletas de grandes estrellas y poca o nula imaginación.

Añoro la época de los Films clásicos. Quién no vio “Casablanca”, o se dejó llevar por la amarga historia del “Doctor Zhivago”. Quién no rió con Charles Chaplin ironizando al malévolo Hitler en “El Gran Dictador”. O se dejó enamorar por la inocente Audrey en “Desayuno con Diamantes”.

Qué tiempos.

“La Fiera de mi niña”, con mi amada Katharine Hepburn y el apuesto Cary Grant o por supuesto, la inigualable, “La Gran Evasión”.

Atrás quedaron, perdidas en la memoria, no en la mía ya que al menos puedo enorgullecerme de mi gran pasión.

Pero sobre todas ellas, mi pequeño vicio, las películas de Terror. Qué se le va a hacer, cada uno tiene sus secretos.

Aún recuerdo el olor del miedo viendo “Nosferatu”, o “El Vampiro de Düsseldorf” de Fritz Lang y tantas, tantas otras donde el terror flotaba en el aire, acompasado por la música y el latido de los corazones. Disfruto como un niño al ver cómo recrean esos mundos ilusorios, los ataúdes, los crucifijos, las eternas mentiras.

Hoy me he sentado en la última fila, solo, justo debajo del haz del proyector. He doblado cuidadosamente mi larga gabardina y la he depositado en el asiento de mi izquierda. La sala está a rebosar, familias, parejas y grupos de revoltosos adolescentes con sus refrescos burbujeantes y sus cargamentos de palomitas, ríen y hacen estridentes ruidos. Qué desagradable.

Al menos espero que se comporten cuando comience la sesión.

Los peores son estos dos que tengo delante, no tendrán más de 17 años, maleducados, estúpidos, incultos, creo que lo tienen todo. Se creen los amos del mundo, incluso uno se estira como si estuviera en el sofá de su casa y pasa sus apestosas zapatillas deportivas por encima del asiento delantero. Sus carcajadas dañan los oídos a la vez que escupen obscenidades; ¡paletos!

Da comienzo la película y, a pesar de lo que puede esperarse dada la masiva afluencia de público, hoy estrenan una película de seudo terror.

Pero eso es lo de menos, lo importante es la temática. Imberbes adolescentes jugando con la muerte y la sangre. En definitiva, la adaptación de un best seller escrito para enfebrecidos adolescentes, ” Crepúsculo”

El libro se podía aguantar, si quitas esas niñerías y acaramelamientos exagerados, da una imagen completamente distinta de ese mundo de ¿tinieblas? Es divertido, ñoño, fugazmente tenebroso. Un buen enjambre de letras que llevarte a un parque y, mientras eres acariciado por el viento de otoño, dejar pasar las horas.

La acción transcurre en la pantalla grande, los imbéciles de la fila delantera siguen con sus bromas ruidos y demás tonterías, son insoportables. Alguien se levanta y les llama la atención, ellos se ríen como cerdos en el matadero. Me están sacando de mis casillas.

Abro y cierro las manos mientras respiro profundamente, mi rodilla derecha tiembla en un baile convulso. El potente sistema de sonido nos inunda de estridentes efectos especiales, la rapidez de las imágenes no tiene tregua.

Silencio.

Continúa la película, dos largas horas de amortajado romanticismo mezclado con el estímulo de los corazones heridos.

El público aplaude y comienza a levantarse antes de que los títulos de crédito nos transporten a ese mundo, al otro lado de las cámaras. Lo odio, no pueden esperarse al menos a que se encienda la luz. Tropezones, disculpas, cabezas que cortan el haz del proyector.

Soy casi el último en salir, he recogido mi gabardina negra pulcramente doblada, mi silueta se recorta en la penumbra. Bajo los escalones y salgo despacio inhalando el aroma que ha quedado impregnado en la sala.

Las limpiadoras entran en ese momento, las oigo hablar de temas intrascendentales, reír y quejarse del sueldo. De repente un grito ahogado.

Sonrío, ya los deben de haber encontrado, apoyados el uno sobre el pecho del otro, con un hilo de sangre cayendo de sus cuellos.

Cierro los ojos, me relamo los colmillos un instante, una minúscula gota se ha quedado huérfana en la comisura de mis labios.

¿A qué sala entro ahora…?

Javier Marzo

sábado 31 de octubre de 2009

PREMIOS MÁGICOS.

Queridos Autores, otro tema más que se agota, tras brillar gracias a vuestra habilidad para relatar, para hacernos soñar e imaginar...

El castillo se vuelve a honrar con vuestra presencia....
Una larga andadura de temas, borbotones de letras y sentimientos plagan ya el jardín, el castillo, su puente y cada rincón del Reino de Comansi.

Tanto los príncipes, como todos los que participamos con nuestros textos, así como los que los leen y comentan o se guardan su opinión, estamos encantados de reunirnos hoy, de nuevo, para entregar esas tres menciones especiales a los relatos que más gustaron en esta ocasión...

Dejemos que el príncipe, como siempre, haga los honores... Silencio...

"Y por decisión popular, con el apoyo de éstos, sus príncipes, me complazco en anunciar, que los ganadores del Tema "Magia", son...



-Antiqva, por su relato titulado "El estigma del diablo".

- Marinel, por su relato titulado "La magia existe".

y...


- Julio, por su relato titulado "La magia está en tu imaginación".


Enhorabuena a los tres autores que, en esta ocasión, han sido los más votados. Este pequeño presente es vuestro. Podéis llevarlo como testimonio de la calidad y la buena acogida de vuestros relatos. Estaremos encantados si es ese vuestro gusto.




Y gracias a todos por la brillante participación y la dorada amistad que para este Reino supone contaros entre sus amigos...
Os queremos.

viernes 30 de octubre de 2009

FIN DE LA MAGIA

El Reino de Comansi ha cerrado un nuevo Tema: "La magia", que nos ha transportado a mundos alternativos, preciosos, luminosos y, por supuesto, mágicos...

En breve se entregarán las tres menciones especiales y comenzaremos con la publicación del siguiente tema sobre el que habéis escrito: "El miedo", que seguro, provocará más de un escalofrío.

Los príncipes os saludan y os abrazan.

miércoles 28 de octubre de 2009

EL GENIO DE LOS SUEÑOS

Cada noche antes de acostarse el tímido Saúl emite un suspiro de tristeza. Mañana es su cumpleaños, ya va a llegar a la primera quincena, sin embargo, por sus compañeros ha sabido que en la fiesta de celebración de mañana no acudirá Marina, ya que según cuentan está saliendo con un tal Dani.

Se pone a escuchar temas de Tommy Dorsey en su mp3 mientras observa las estrellas. Las cuenta y se queda pensando. Según observa las estrellas se da cuenta de que hay una que se mueve, que se separa de las demás. No sólo eso, parece que se dirige hacía él. Saúl no sabe como reaccionar y se queda pasmado. La estrella móvil resulta ser una capsula redonda muy luminosa. Se posa en la repisa de la ventana lentamente. Se abre una pequeña puerta y de ahí emerge un ser diminuto. Es un personaje con un bigote blanco y una chistera violeta con una raya roja.

-Buenas Saúl! ¿Que te cuentas?-le saluda muy alegre.
-¿Tu quién eres...? ¿Y cómo sabes mi nombre?
-Yo lo sé todo! para eso soy Kiprin El genio de los sueños.-da un ligero salto.
-¿El genio de los sueños? ¿Y a que has venido?
-¿Como que ha que he venido? No me has llamado
-Que te he llamado?
-Sí, cada vez que alguien cuenta 521 estrellas yo acudo a su llamada y vengo en su ayuda.
-Pero si yo...
-Déjate de rollos que te conozco bacalao.-coge de la mano a Saúl-Ven nos adentraremos en los sueños de esa muchacha.

Y al instante se transportan al mundo onírico de Marina. Se encuentran en un frondoso bosque, lleno de animalillos y pajarillos que bailan y cantan. Cerca de ahí hay un lago donde unos patos nadan en fila, excepto uno de color azul que se separa del grupo. Más en lontananza se ve la sombra de una mujer de cabello largo bañándose en la orilla del lago. Parece que tiene compañía, pues alguien le ayuda a salir a la superficie.

Saúl y Kiprin miran a su alrededor. Es Saúl el que se percata de esa sombra entre tanto animalillo del bosque.

-Veo a alguien a lo lejos... no alcanzo a ver bien.
-Esto es un sueño. Así pues vayamos allá.

Y de un chasquido se trasladan a la otra orilla. Para asombro de Saúl la mujer de sus sueños está en compañía del hombre de sus sueños, de ella.

-Maldita sea!!-exclama cabreado Saúl-Como demonios voy a competir contra eso.
-No desesperes que estoy aquí para ayudarte.
-Dos contra uno no vale.
-Te digo que te relajes.
-Si al tontaina del Dani le añades que suspira por El Duque ¿qué opciones me queda?
-No olvides que hago magia en los sueños, por eso soy un genio.
-Pues ya lo estás convirtiendo en un paramecio.

Marina se percata de que Saúl está muy cerca ya que sus gritos han acaparado la atención de los animalillos del bosque.

-¿Qué haces aquí?-pregunta Marina
-Bueno, me pillaba de camino a casa...
-Buena respuesta-le dice sigilosamente Kiprin.
-¿Y tú que haces en este lugar?
-No sé, siempre suelo estar por aquí.

El Duque se acerca y la rodea con sus brazos. Saúl se pone a la defensiva y añade:

-¿Y ese que hace aquí?-le pregunta maliciosamente.
-Se llama Miguel Ángel y siempre está por aquí.
-Pero tu no estabas saliendo con ese tal Dani.
-Sí, pero este es mi sueño y sueño lo que me da la gana. Lo que me recuerda. Cómo es que estás en mis sueños.
-No sé tu sabrás...

Los pajarillos del bosque reanudan su canto. Ahora se ponen a interpretar a capella el tema de Glen Miller "Serenata a la luz de la luna". El cielo cambia de color y la Luna sale sonriente y le sugiere a Saúl que le invite a bailar.

-¿Aceptas este baile?
-No sé...
-Venga, esto es un sueño, no es real. No tienes nada de que avergonzarte.

Y en un instante se encuentran en un salón de baile. Marina con un vestido amarillo claro y con lazo del mismo color con el que se sujeta el pelo. Saúl pantalón negro con chaque azul marino y una camisa blanca. La Luna les observa a través de la ventana. Kiprin dirige la orquesta canora. Bailan de un lado a otra. El Duque que se da cuenta de que no tiene nada que hacer toma un taxi y se va.

Suenan las las doce de la media noche. La luna se echa las manos a la cabeza. Kiprin trata de avisar a Saúl pero no se da cuenta. Chasquea los dedos pero su magia no responde.

Última campanada. Suena el despertador. Hora de volver a clase. Saúl se despierta y se da cuenta que se quedó dormido contando estrellas.

Una vez que ya ha llegado a las clases, observa lejano a Marina que habla con unas amigas. Se acerca tímidamente. Lo ve llegar.

-¿Qué haces por aquí?
-Me pillaba de camino a clase.
-Buena respuesta.-le dice sigilosamente uno que pasa por ahí entre comedidas carcajadas.
-Y tu, que haces por aquí. No llegaras tarde...
-Siempre suelo estar por aquí. Ahora me voy para adentro.

De pronto un coche que pasa cerca del centro para para dejar a un alumno. Lleva puesta la música, es un forofo del Swing y el tema de Glen Miller suena.

-¿Qué hace ese aquí con la música a todo volumen?
-Es Miguelito, el hijo del profesor de música.-le responde ella.-Aunque no sé que hace por aquí. Lo expulsaron la semana pasada. Esto es muy extraño, creo que esto lo he soñado o algo así. Sólo falta que me invites a bailar.
-Pues es una buena idea... pero no le importara a Da... Dani.
-¿Quien?
-¿No estás saliendo con Dani?
-No! Es un pintamonas. Sólo le dí unos apuntes.

Saúl respira más tranquilo y se acerca a ella con la intención de que le conceda el baile mientras dure la música, pero lo que suena es el timbre de entrada a clase.

-¿Qué vas hacer luego?
-No sé... no tengo nada pensado- le responde ella mientras todos están entrando en clase.
-Si quieres podemos tomar un café o lo que sea después.
-Bueno, porque no.

En un pasillo desierto sólo quedan ellos dos, iluminados por el fluorescente parpadeante que el conserje aún no ha cambiado. Ambos se van a sus respectivas clases. Mientras el conductor del coche sonoro se transforma en Kiprin. A su alrededor unos pajarillos emprenden su vuelo al cual se une Kiprin. da un pequeño toque al sombrero y añade:
-¡Voila!

$MK

lunes 26 de octubre de 2009

ASTREA, SELENE Y YO

Estaba relajado, tumbado en mi barca, flotando a la deriva, observando el cielo estrellado, con mis manos cruzadas bajo mi cabeza sirviéndome de almohada. Las estrellas titilaban en miles de guiños luminosos. Selene, diosa Luna, proyectaba su luz sobre el mar en calma, convirtiéndolo en una balsa brillante.
El universo, perfectamente ordenado, sólo era perturbado por alguna estrella fugaz que, ocasionalmente, cruzaba el cielo, tímida, a gran velocidad, intentando escapar a mi atención…aunque no solían conseguirlo. Mi soledad me permitía concentrarme en el más mínimo detalle.
Selene…abrió los ojos.
-Aquí, detrás de mi hay una estrella tímida que no se atreve a dejarse ver.
-¿Qué?... ¿Quién habla? -Dije asustado, incorporándome en la barca, mirándola fijamente, mientras me sonreía y parpadeaba coquetamente.
-Quizá pensabas que podías ordenar el universo a tu antojo. No es tan sencillo… ¿Sabes?
Selene sopló en todas direcciones. Las estrellas comenzaron a descolgarse del cielo formando una lluvia finísima de puntitos luminosos que, poco a poco, iban siendo engullidos por las aguas del océano. El choque producía un musical chisporroteo y una luz especialmente blanca, que iba convirtiendo las oscuras aguas en un lago efervescente de claridad, donde el escaso oleaje, producía un reflejo suave y cálido que parecía hipnotizar.
-¿Es un sueño? Dije.
-No. Es un momento mágico. Si quieres ver la estrella. Apártame con la mano, y luego decides si cogerla o no.
-Apartar la luna…coger una estrella. En fin debo de estar soñando.
-Que incrédulo eres. Decídete, la magia es una ventana que permanece abierta por poco tiempo y…, si, además, no crees en ella, menos aún. Atrévete…vive este momento mágico.
-Está bien. –Dije poco convencido.
Aparté a Selene despacio, temeroso. El contacto con su forma redondeada, con su aura dorada fue sorprendentemente placentero.
Tras ella, tímida, esperaba aquella estrella fugaz. Intenté cogerla, pero se me escapó entre los dedos.
-Mira…si no crees en la magia. Estamos perdiendo el tiempo.
-Dame tiempo. Comprenderás que yo estaba aquí tan tranquilo disfrutando de mi pequeño universo ordenado, y, de un plumazo… ya no hay estrellas, puedo mover la luna con mi mano, y atrapar a una estrella. Siento decirte que esto es demasiado…raro.
-Vuelta la burra al trigo…Raro no…es magia. No seas cobarde…cree en ella…arriésgate…no tienes nada que perder. Coge la estrella.
Extendí mi mano, esta vez con más fe. Y la estrella se posó en ella. Su movimiento me proporcionó en leve cosquilleo. Sonreí… Oí su voz.
-Me gustaría sentarme en tu barca.
-¿No te gusta estar en mi mano?
-Es que…quiero saber que se siente al ser mecida por las olas.
Miré incrédulo a Selene, que me sonreía desde el lugar donde la había dejado apartada.
-Está bien. Te dejaré en el otro lado y, si quieres, charlaremos un rato, aunque no sé muy bien que es de lo que se habla con una estrella fugaz. ¿Aquí estás bien?
-Si.
Me retire al otro lado, con cuidado, evitando el balanceo de la barca que podía llevarme al agua si me descuidaba o me movía distraído.
-¡Ah! ¡Por Dios! Tú…tú… ¿Quién eres?, ¿de donde has salido? ¡Me va a dar un infarto! –Dije al girarme perdiendo el equilibrio, cayendo hacia atrás, acabando sentado junto a la soga del ancla.
-Soy Astrea. Una estrella solitaria. La estrella fugaz que has cogido.
-Pero ahora tienes forma humana…aunque luminosa.
Astrea era brillante con una aureola en forma de algodonadas y blancas alas. Sus brazos eran antorchas emitiendo una potente luz. Su pelo moreno destacaba sobre el azul cielo de un leve vestido que parecía flotar sobre su cuerpo, insinuando unas formas perfectas. Sobre su tez pálida, etérea, casi transparente, destacaban unos bellos ojos oscuros que, abiertos de par en par, parecían no querer perderse detalle de lo que le rodeaba, sobre todo… de mí.
-Sabes…has hecho realidad mi sueño. Nunca había descansado…siempre volando de aquí para allá, viajando incansablemente por el universo, sin poder detenerme a charlar con alguien. Las lágrimas comenzaron a fluir de sus ojos por la emoción.
-Por favor… no llores. Ni siquiera sé si yo he contribuido en algo a que tú estés aquí. Según parece mi único mérito ha sido creer en la magia…y la verdad…no estoy muy seguro de nada de lo que está pasando.
-¿Puedo darme un baño? Debe sentirse una sensación maravillosa.
-Cuidado…no te balancees…mucho…!cuidado!
-Vamos…hay que ser imbécil…quedarse dormido en la barca, y caer al agua –Me dije mientras subía de nuevo tras darme aquel inesperado chapuzón en el mar oscuro y frío.
–Magia…-Solté una carcajada.
–Lo ves todo está en su sitio…Las estrellas, la luna…Selene…-reí -¡Anda! y no te guiña ni nada por el estilo. Prueba a moverla con tu mágica mano –Volví a soltar una carcajada.
-Que incrédulo eres…-Oí-
Me giré…y me quedé petrificado, mientras una estrella fugaz descendía desde lo más alto del firmamento, pasaba acariciando la luna, se detenía ante mis atónitos ojos, extendía su aura, rodeaba mi cuerpo, y me besaba apasionadamente, alejándose con una sonrisa juguetona en la boca.
-Gracias…por convertir en realidad mi mágico sueño. –Susurró Astrea, mientras le dirigía una mirada pícara y cómplice a Selene.

Calvarian

sábado 24 de octubre de 2009

MAGIA


Palabra preciosas si las hay, con tantas y tantas formas.

Encontrar la magia de las palabras, en aquellos escritos que tocan el corazón y despiertan tanta ternura que conmueve.

Descubrirla en los ojos de los niños, en su mundo perfecto de todo inocente y brillante.

Existe la magia de los magos que asombran ante trucos que nos deja con la boca abierta.

En los brujos que transforman a sapos en príncipes y a simples plebeyas en princesas.

Aquella que nos hace recorrer mundos increíbles y vivir las más maravillosas aventuras con sólo cerrar los ojos.

La que podemos crear con nuestros deseos de que las cosas más imposibles cambien.

Pero la más hermosa magia es la del amor, la que hace que tu corazón lata más rápido cuando está por acercarse la hora de ver al ser amado, esa que te transforma en una persona realmente feliz con sólo saber que estás a su lado.

Y aunque muchos crean que no existe, hay magia en cada cosa que modifica la vida, que nos convierte en hadas y magos de nuestra historia.

Aunque no lo creas hay magia en cada cosa que cambias, en cada camino nuevo que transitas, en cada amor que comienza, en las pasiones que se transforman.

La magia está adentro tuyo, sólo tenés que encontrarla.


Aldhanax.

jueves 22 de octubre de 2009

SIR SURIK


El hombre de la esquina seguía allí un día más, y ya iban quince días, pensaba para sus adentros Emilio, que a sus doce años observaba con asombro todo cuanto le rodeaba. Se preguntaba qué hacía allí, por qué no iba a trabajar al igual que todos los adultos del barrio, se preguntaba también de donde había venido, dónde vivía, por qué se pasaba las horas sentado apoyado sobre aquel viejo sauce, y sobre todo, por qué nadie reparaba en su presencia.

Aquella mañana de sábado sin obligaciones escolares se le antojó propicia para intentar un acercamiento con el “extraño hombre” al cual llevaba llamando así desde que le vio por primera vez ya que desconocía su nombre. A medida que se acercaba notaba que había algo en aquella figura masculina que le imponía, pero sin embargo no sentía miedo, aquel hombre no le asustaba, más bien le conmovía. Al acercarse más descubrió aquellas pequeñas arrugas que se acumulaban en los ojos y en la comisura de los labios, dándole un rostro de ancianidad que asombró a Emilio, pues lo intuía mucho más joven.

Un tímido ¿hola? titubeante salió de la boca de Emilio, el cual no obtuvo ninguna respuesta por parte del hombre misterioso. De repente algo llamó sorprendentemente la atención del niño, una caja de madera chiquita apoyada en el tronco del sauce. Un deseo irrefrenable le movía a abrirla, una extraña fuerza de atracción se apoderó de él, necesitaba abrir aquella caja, algo desde su interior le llamaba con fuerza. Entonces el hombre levantó la vista clavando su mirada azul de acero sobre la de Emilio.

- Ten cuidado con lo que haces, la última vez que un renacuajo la abrió terminamos en la prehistoria, cazando jabalíes con una lanza. –dijo el hombre de forma contundente pero sin hacer nada por evitar que el niño se acercara a aquella mágica caja.

Por supuesto la advertencia llegó demasiado tarde, porque antes de que hubiera pronunciado la última palabra, la caja ya se hallaba abierta de par en par; y de ella se desprendían rayos luminosos que centelleaban por todas partes.

- Vuelta a empezar, ¡es que uno no se puede tomar ni unas pequeñas vacaciones! –dijo el hombre con resignación; y sin embargo Emilio pudo ver en los ojos del anciano brillos de entusiasmo e ilusión ante un nuevo viaje, el cual él mismo también ardía en deseos de emprender.

- ¡Agárrate fuerte! –gritaba en anciano.

- ¿De dónde me agarro? – preguntaba Emilio el cual no veía sitio donde agarrarse.

- Pues al tronco del sauce. –le explicaba el anciano mientras la superficie empezaba ya a temblar.

- ¿A dónde vamos? –preguntó intrigado Emilio.

- Pues tú sabrás. Al lugar de tus sueños. –respondió el anciano.

De repente todo el barrio había tomado una nueva dimensión, un extraño color ocre; las calles habían dejado de estar asfaltadas para convertirse en caminos terrosos con algunas piedras. El anciano agarró fuertemente al niño de la mano y ambos se dirigieron a lo que parecía un mercado, eso sí, no era un mercado cualquiera, sino un mercado medieval. Al grito de ¡Agua Va!, ambos dos intentaban avanzar sorteando el agua que las mujeres de la casa arrojaban por las ventanas. Se adentraron en el mercadillo mezclándose con la gente del lugar, mientras Emilio se miraba así mismo vestido con aquellos pantalones cortos color marrón que se le antojaban muy ridículos; sobre sus hombros lucía un chaleco a juego con los pantalones junto con una camisa gris. Pero lo que más le impresionaban eran aquellos mocasines puntiagudos con los que tanto le costaba caminar.

Emilio estaba eufórico, miraba alrededor con esos ojos que envuelven la sorpresa de la novedad, que descifraban aquello con lo que siempre había soñado, y que sólo había podido acceder a través de los libros de la biblioteca de su abuelo.

El ajetreo de los caballos que cruzaban las callejuelas, los puestos de venta de comida y artesanía, las águilas que surcaban el cielo y hasta una hechicera que decía adivinar el futuro, junto con un joven ladronzuelo huyendo con un queso bajo el brazo, completaban aquella pintoresca estampa.
- A todos los señores de la villa, se les comunica que se anda buscando por casas y rincones, al joven caballero portador de sueños. El Señor Marqués junto con sus lacayos acudirá hoy al mercado, pues cuentan los rumores de la corte, que el joven Sir Surik se halla por estas tierras huyendo de su deber y responsabilidad de guiar a las gentes hacia sus bellos sueños e ideales.

–dijo el pregonero.

- Mi señor, ciertamente dicho caballero se anda por aquí, hasta mí llegó su perfume de sueños encantados. Sería menester preguntarle a la hechicera, pues ella con su magnífica intuición ha ayudado en otras ocasiones a vislumbrar caminos que se antojaban oscuros. –habló el quesero.

- El joven sir Suri, anda de la mano de un anciano, lo vi pasar hace ya un rato. –sentenció la hechicera.

La búsqueda no costó mucho, y en un instante el anciano y el niño se vieron rodeados por todo un tropel de gente que aclamaba: ¡Sir Surik, Sir Surik! ¡Es él, es él!

Un carruaje se detuvo ante ellos, y el Señor Marqués acompañado del Caballero de la Luz descendió salvando los escalones que le separaban del suelo. Pronto una espada se deslizaba suavemente por el hombro derecho de Emilio al cual el anciano había obligado a hincar una rodilla en el suelo.

- Mi querido Caballero, yo le declaro Sir Surik, portador de todos los sueños del reino, hacedor de magias, reclutador de nostalgias y melancolías; y en definitiva, repartidor de felicidad de todos los habitantes de estas tierras. Ahora debe cargar con su legado del cual ya no puede huir, y sembrar las semillas que se depositan en su interior allá donde sus pasos le conduzcan, en estos tiempos y en tiempos futuros, en esta vida y en vidas venideras.

El suave aleteo de una mariposa azul sobre su rostro, despertó a Emilio, o sir Surik, del letargo al que se había entregado junto al tronco de un sauce. Volvía así a su “mundo normal”, pero junto a él una caja de madera, que al abrirla sorprendía con un mensaje envuelto en pergamino, en el que se leía: Sir Surik, en esta vida y en vidas venideras.

Ruth Carlino

martes 20 de octubre de 2009

VICTIMAS DE LA MAGIA

Un sacerdote entra en la prisión.
Le conducen hacia la última celda del corredor de la muerte. Una mujer va a ser ajusticiada al caer la noche.

Vengo a confesarte, hija.
No, no quiero confesar. No creo en Dios. ¿Sabe padre?
Pero, ¿Por qué? Confesar no está nunca de más. Debes arrepentirte de tus pecados...

Yo, verá, antes creía en Dios. Creía que el destino no estaba escrito. Que arrepintiéndonos, podíamos ganar el cielo. Pero ya no lo creo. Estoy desengañada. Haga lo que haga... todo está escrito. La magia hace su trabajo a su antojo…

No debes hablar así. Dios existe y desea ayudarte. Venga, cuéntame tus temores.

No creo que esto le importe mucho, pero... si quiere... se lo contaré.

La mujer hizo una pausa y tragó saliva, como preparándose para lidiar un difícil animal.

Verá, yo tenía una amiga que decía que era adivina. De hecho, vivía de ello. Su consulta siempre abarrotada de mujeres y hombres ansiosos de saber, de conocer su futuro. Yo la conocía desde niña y, desde siempre, ella aseguraba saber el futuro de la gente. Según Teresa el destino estaba escrito para todos nosotros y nada podíamos hacer...

Pero hija, eso son pamplinas... Deberías saber que las personas, en nuestra ignorancia, aceptamos cualquier cosa que nos haga sentir bien. Con Dios es diferente, es más fácil...

No, no. Déjeme que le cuente.
Un día, ella me dijo que había visto su propia muerte para el sábado siguiente y que estaba muy asustada. Claro, yo me reí de ella. Me gustaba pincharla y provocarla. Pero esta vez estaba asustada de verdad.
Me dijo que se encerraría en casa. Que cancelaría todas las citas con los clientes de ese día y, que ni siquiera descolgaría el teléfono. Yo reí y reí. Padre, déjeme tomar un poco de agua.

Un sorbo de agua se le hizo necesario para poder continuar.

Si, no te preocupes, aún tenemos tiempo.

Bien, pues cuando llegó el sábado yo me acerque a su casa para fastidiarla un rato y ¡Ni siquiera quería abrirme la puerta¡ ¿Qué le parece? Al fin conseguí que me abriese y se enfureció conmigo. Me ordenó que me marchara...

Tuvimos una pelea horrible:

Teresa me dijo ¡Que demonios haces aquí! ¡Te dije que no quería ver a nadie! No eres capaz de respetarme.

Perpleja le contesté: ¿Se puede saber qué te pasa? Creo que te estás excediendo. Teresa, estás completamente obsesionada con esto. ¿De veras crees que has visto tu propia muerte? Entiendo que estafes a la gente, pero estamos hablando de ti...

Teresa me espetó: ¡¿Sigues sin entender nada, verdad?! Yo no engaño a la gente, ¡Maldita sea! ¡Lárgate de aquí!
Teresa se acercó a la ventana dándome la espalda para ni siquiera ver cómo me marchaba. Yo estaba absolutamente ofendida y decidida a pedir explicaciones. Me acerqué a ella y, pegándole un pequeño empujón en el hombro, y con mi cara a unos pocos centímetros de la suya, le grité:
¡Vale! Me iré. Pero con una condición. Demuéstrame tus habilidades. Nunca has querido leerme el futuro. Soy tu mejor amiga, y puesto que "vas a morir hoy...", creo que tengo derecho a una consulta gratis.

Teresa, gritando aún más que yo y diría que asustada:
¡No, de ninguna manera! ¡Vete de una vez!
Asqueada le dije: ¿Lo ves? no eres más que una farsante. Deja de mirar por la ventana, no me des la espalda y ¡Dime! ¡¿Cuándo moriré yo?!
Teresa estaba furiosa: ¡Está bien! Tu lo has querido. ¡Escucha! ¡Por venir hoy aquí MORIRÁS!
Le llamé loca y le abofetee . Entonces comenzó una terrible pelea entre la dos.
Un fatal empujón le hizo caer por la ventana...

El sacerdote, que casi no había parpadeado tomó las manos de la mujer entre las suyas.

¡Santo Dios! Es terrible...

Ya lo ve, padre. Ella tenía razón en todo. Murió aquel día. Y dentro de unos minutos, la silla eléctrica me espera por su asesinato.
Si no hubiese ido aquel día... Pero el destino estaba escrito. Yo no soy culpable. Sólo soy una víctima de mi propia vida. Cuéntele eso a su Dios.

Un carcelero apareció en el umbral de la celda y le anunció que el tiempo había terminado.
El momento había llegado. El sacerdote intuyó que la mujer no deseaba ser acompañada hasta la silla y haciendo una señal de la cruz en el aire se dispuso a abandonar la celda.

La mujer le detuvo un instante con sus palabras:

Adiós padre, gracias por venir. Cuídese y... ¡Ah! Tenga cuidado mañana, cuando cruce la calle...

Natacha.

domingo 18 de octubre de 2009

MAGIA EN LA PLAYA

Y la muerte se pronunció.
Fría y calculadora, súbita como un rayo en el estío, impredecible e incuestionable.
Y, como siempre, perturbadora.
Sólo contaba con cuatro primaveras de vida, si es que el tiempo puede tener alguna relevancia cuando hablamos de lo único capaz de trascenderlo.
Quizás más importante que el cuándo, fuese el cómo.
Finalizaba agosto. El mar se encontraba encrespado, color aceituna y olor a invierno prematuro; en el cielo aborregado, un rastro de rescoldo y ceniza indicaba la marcha reciente del astro soberano hacia el otro lado del mundo.
El aire acariciaba las frías aguas del océano justos antes de abrazarme con su gélido aliento.
La playa parecía desierta; al fin era mía.
La estela cremosa de las olas invadiendo la arena y cubriendo mis pies desnudos, absorbía mi atención por completo, retrasando el momento en que me percatase de lo que ocurría a pocos pasos de mí.
Cuando lo hice, la primera impresión fue de incredulidad, sólo durante un interminable segundo, luego, miedo.
El murmullo sordo que envolvía mi paseo, procedente de las pocas almas que acompañaban mi trasiego, fue transformándose en grito atropellado: ¡Mi hijo, mi hijo!, eran las únicas palabras que escupía aquella madre, atormentada por la impotencia, arrodillada junto al cuerpo inanimado del muchacho, hundida en un abismo de tierra apelmazada y agua salada.
No sé de dónde empezaron a aparecer tal cantidad de personas corriendo en la dirección del suceso, bajo la mirada vacía de una gaviota altiva e indiferente, ajena a la tragedia que tan consternados tenía a otros. También yo me acerqué con precaución.
Cuando pude apreciar su rostro azulado entre el gentío, lo tuve claro: no respiraba.
Nunca llegaré a entender qué hacía aquel pequeño en el agua a esas horas, ni en qué pensaba su madre mientras lo engullía una ola traicionera, pero... ¿acaso puede importar eso?
Un niño siempre será un niño, y una madre siempre será una madre, y... yo soy yo. Al instante supe lo que debía hacer.
Dejando el miedo a un lado, me colé como una sombra entre los curiosos y los aprendices de médico, hasta tener el cadáver a mis pies; me agaché y le coloqué con suavidad mi mano derecha en la frente.
No llegué a ver sus ojos arenosos abiertos, pero tampoco fue necesario.
Me retiré cuando tuve que hacerlo, como cuando llegué, casi inadvertido por los demás.
En cuestión de segundos y entre grandes arcadas, el pequeño escupió todo el agua que contenían sus pulmones. Abrió los ojos y lloró amargamente, ante el alborozo de todos los testigos, incluidos aquellos que la presencia de la aflicción había mantenido a distancia, que entonces sí se acercaron, atraídos por la irrupción repentina de la dicha.
Yo sólo me quedé el tiempo justo de obtener mi recompensa: el abrazo sincero, entre lágrimas y sollozos, de una madre a un hijo y de un hijo a una madre. ¿Puede haber muestra de amor más auténtica?
Después de aquello no volví a materializarme más en ese mundo. Mi cometido ya había sido cumplido.



Pedro Estudillo

viernes 16 de octubre de 2009

LA MULATA DE CÓRDOBA


En Veracruz, durante la época del virreinato, cuando los españoles aún subyugaban a México, vivía una mujer célebre por su belleza y por ciertos dones sobrenaturales que poseía: La Mulata de Córdoba. Una época se ha edificado sobre una anterior, no se supo entonces ni se sabe ahora cuál fue su nombre verdadero, pero la historia inscribió en sus páginas lo ocurrido con esta mujer extraordinaria. Gracias a su maravilloso arte, a la edad de doce años atrajo a sí una clientela dispar que la visitaba asiduamente y con igual sentido de humildad: indios y españoles, pobres y ricos golpeaban su puerta. Ora La Mulata prepara pócimas para curar el mal de amores de un muchacho, ora mezcla yerbas para sanar las heridas de sus hermanos esclavos. Por lo común, descifraba el futuro de los curiosos en las cartas o en los astros, y era, ciertamente, una mujer entendida que hizo las veces de consejera en virtud de su saber, al punto de consternar al párroco del pueblo, quien alarmado se percató de que los siervos de Cristo la preferían a él. Miguel Velázquez nació en Sevilla, España. Un día, habiendo salido de su parroquia para hacer un peregrinaje a la ciudad, en el medio de la selva lo sorprendió la noche, la cual esmaltó los alrededores con sus sombras impenetrables. El corazón de Miguel comenzó de pronto a latir rápidamente, cuando susurros, humanos o no humanos, vibraron entre las hojas; le sobrecogió el temor, como a buen cristiano, pero no lograba recordar sus rezos, y ya dándolo todo por perdido, una voz dulce y femenina habló, apaciblemente, en aquel sitio apartado: “Buen hombre, perdone que lo importune, no me hubiera atrevido a molestarle si no fuese porque me pareció que se hallaba extraviado.” Miguel contempló a la mujer y recobró la serenidad al reconocer el rostro broncíneo de La Mulata de Córdoba. Ella le obsequió una piedra verde que irradiaba una luz preciosa con lo que Miguel pudo proseguir su peregrinaje sin mayor contrariedad. Dado que toda persona que se distingue de los demás por alguna razón se convierte en objeto de antipatía, La Mulata se había hecho también de enemigos. Otros curas, idiotizados por la fiebre del fanatismo, la miran con recelo desde el púlpito; el Santo Oficio la sigue discretamente, sus manos inquietas, con dedos blancos y sarmentosos, esperan el momento justo para echarle sus redes fatales. Si no hubiese sido porque La Mulata era muy querida entre la gente, que le debía enorme gratitud, ha mucho tiempo que la habrían arrojado a las llamas. Quienes la temían, aseguraban que era una siniestra bruja y que un jinete, el diablo, acudía a su casa a eso de la media noche, quizá para recordarle que su alma era suya, y esto porque se contaba que la vendió a cambio de sus poderes mágicos. Se relataba que, al llegar el personaje demoniaco, un furioso incendio se desataba en el interior. Creían que era su amante y que por ello La Mulata despreciaba de continuo a los muchos pretendientes que la solicitaban. Para su mala suerte, un hombre importante que ocupaba un puesto elevado en la iglesia católica prestó oídos a las acusaciones. A los que la acechaban, a esos instigadores de odio, les fue concedida su venia para apresarla. El primero de diciembre, La Mulata escuchó un vocerío fuera de su hogar. El escándalo era mayúsculo. Abrió la puerta y vio a un hombre, alto y fornido, que leía una severa orden: “Por incurrir en prácticas contrarias a la fe cristiana, la mujer conocida como La Mulata de Córdoba es sentenciada a muerte…” La Mulata no se inmutó, sólo pidió que se le permitiera llevar consigo algunos objetos personales. Y fue así que la terrible bruja fue encerrada en prisión, y fue así, también, que su leyenda comenzó a labrarse un lugar en el bagaje cultural de México. Un mañana, el carcelero que hacía su ronda habitual observó a la cautiva rayando las paredes con carbón. La Mulata estaba muy ensimismada en su obra, pero al poco le miró a él y le preguntó: “¿Qué le falta a este navío?” Rechinando los dientes, dijo el carcelero: “Condenada mujer, no te arrepientes de tus pecados, en vez de suplicar la misericordia del Altísimo, te empeñas en vanos pasatiempos. Salva tu alma”. “Mas, precisamente, eso es lo que estoy por hacer”, replicó la mulata, quien, sonriendo, saltó al navío que había dibujado. Nunca más se volvió a saber de ella.

Carlos (Hiletrados)

miércoles 14 de octubre de 2009

LA MAGIA ESTÁ EN TU IMAGINACIÓN

Sentado frente a la caja de cartón que aquella mujer le dio en el parque, pensaba:-¿Que había querido decir con aquello que la caja haría realidad cualquier sueño que él fuese capaz de plasmar con colores?

Decidió mezclar el rojo cadmio y el cobalto, resulto un violeta cálido, comenzó a pintar y sin saber cómo se me encontró volando sobre un mar tranquilo, con montañas al fondo, entre las que se interponía un manto de niebla, pero no lograba alcanzarla.

-Solo puedes entrar usando tu imaginación,- Un pequeño lucero apareció frente a él, y sin esperar respuesta desapareció.

Buscó en sus bolsillos, encontró el pequeño escarabajo de cristal que un egipcio le regalo en aquel mercado, frente al templo de Kom Ombo, detalle por comprarle las chilabas.
De repente el escarabajo comenzó a brillar con una luz intensa, con destellos que pasaban de un azul marino intenso, hasta terminar siendo un violeta casi blanco que cegaron sus ojos, quedando envuelto en sus rayos.

Lentamente comenzó a cruzar la niebla, apareciendo ante él un valle. El escarabajo cambio a un color azul celeste, estaba casi a ras de suelo, rozando flores de un color blanco, otras carmín intenso, naranjas, entró en un manto de florecillas pequeñas color violeta con pétalos amarillos, de un perfume intenso, que le adormeció, los pétalos amarillos se le enredaron en los pies y le arrastraron al fondo de una cueva, no podía ver nada.

-¿Quién eres tú para venir a mi mundo?,- La voz salía de un intenso punto de luz plateado, no supo que responder.

Su escarabajo de cristal comenzó a cambiar de color, abrió la mano, tenía un color verde esmeralda, y los pétalos amarillos le soltaron.

-Necesitaría tener una linterna,- Como si el escarabajo pudiese leer su mente tomó un tono anaranjado brillante que dejó la cueva como inundada por el sol.

-¿Cómo saldré de aquí?,- pensó mirando a su alrededor

-¡Eh!, ¡Cuidado!,- Grito un pequeño ciempiés. El miriópodo pegó un pequeño salto para no ser pisado.-¡Perdona!,- Sí que tiene genio el bichillo

-¿Cómo se sale de aquí?,- No se podía creer que estuviese hablando con un bichejo como ese.

-¡Y yo que sé!, siempre he estado aquí.

-No le hagas caso, es un cascarrabias,- Intervino un pequeño escarabajo cornudo que pasaba.

-Te he oído,- contestó el ciempiés, - sabes que aquí se está seguro, ¿para qué va a querer alguien salir fuera y morir.

-No le hagas caso, tu escarabajo de cristal tiene la solución,- Parecía que todos conocían el poder de aquel escarabajo de cristal.

-Tienes que creer en él,- Una luciérnaga entró en la conversación. Tenía unas alas de mariposa grandes, de un tono azul con pequeños destellos y pequeñas briznas de polvo que se precipitaban al suelo, de sus antenas transparentes salía un pequeño sonido casi imperceptible, trato de moverse pero no pudo.

-Pero, ¿Cómo se sale de aquí?,- Insistió.

-Emplea tu imaginación,-Le contesto la luciérnaga perdiéndose en la cueva dejando una estela de polvillo brillante que delataba su marcha.

Miró el escarabajo de cristal de su mano y recordó lo que le dijo el egipcio sobre el escarabajo:”Es mágico, su magia te cuidará cuando uses tu imaginación, pero recuerda, la imaginación es magia”.

-Sí, si que es mágico, en menudo lio estoy metido, estoy preso en esta cueva.

Una mota se le metió en un ojo, trato de librarse de ella y se vio sujetado por la mano, se precipitaba contra ella, cerró los ojos ante el golpe y lo que notó fue luz, abrió los ojos y se encontró volando por encima de unas grandes montañas, un gran manto de nieve cubría los pinos de navidad, a su lado volaban dos grandes águilas.

-¡Estoy libre!, -La oscuridad de la cueva quedaba tan lejos….., la sensación de libertad era tan grande y a la vez en su interior tenía pánico a precipitarse hacia el suelo

-¡Arriba que no vas a llegar!,- La voz de su madre acababa de sacarle de su sueño, trato de volver a él pero no fue posible, se incorporó y observó que en su mano derecha tenía un escarabajo de cristal de apenas un centímetro.


Julio

lunes 12 de octubre de 2009

LA VARITA MÁGICA

El otro día me pasó algo raro, algo muy extraño, mi hermana pequeña Carmen y yo paseábamos agarradas de la mano por la orilla del mar, dábamos saltitos para evitar que las olas, nos mojaran los pies, pero era inútil, siempre acababan espingándonos, mi madre ya cansada de tanto pasear se sentó en la toalla contemplando el mar, mientras que nosotras seguíamos jugueteando entre el balanceo de las olas. En nuestras carreras casi nos chocamos contra una señora que paseaba por la orilla.

- ¡Ay! perdone, lo siento mucho. Dije yo rápidamente,
- No te preocupes hija, no pasa nada, ¡vaya! Que niña más guapa llevas de la mano.
- Somos hermanas, dijo Carmen tímidamente.
- Si pues os parecéis mucho, no podéis negarlo. ¿Cuántos años tienes pequeña?
- Siete.
- Anda, la edad perfecta, la edad de la magia.
- ¿La edad de la magia?- Carmen me miraba un poco asustada, no sabía si aquella señora, la estaba tomando el pelo.
- Si, si, toma, ya veras, coge esto.
Aquella señora estiró la mano, y le dio a carmen un palito de madera de unos cuarenta centímetros de largo y muy delgado, parecía que lo acababa de coger del agua, pues estaba aún húmedo.
- Vamos pequeña, no tengas miedo, no tienes nada que perder.
- Cariño,- le dije yo para que no ofendiera a la señora, pensando en tirar aquel palo hacia el mar, en cuanto nos perdiera de vista la buena mujer.
Carmen cogió aquel palo con extrañeza, pero aun así, le dio las gracias a la señora, en ese momento una ola nos golpeo hasta las rodillas, cuando volvimos a mirar hacia la señora ya no estaba.

Mi hermana no quiso tirar aquel palo de nuevo al mar, así que nos lo tuvimos que llevar a casa, “un telar más había dicho mi madre, cuando la vio aparecer con él. Se paso jugando toda la tarde con él, era su varita mágica, a cada momento nos la posaba en la cabeza y decía, “abracadabra, que te crezca el pelo”,( a mi padre que el pobre tiene esa típica M de Mc donalds en la frente) “abracadabra, que tu blusa sea rosa”, “abracadabra que esta noche cenemos pizza”, “abracadabra que tata me compre una vaca de juguete”, “abracadabra que me dejen comer un helado gigante”, “abracadabra que mañana haga bueno”, “abracadabra que la bandera de la playa sea siempre verde”,…

“abracadabra, abracadabra, abracadabra, abracadabra”, así durante toda la tarde, mientras bailoteaba por todo el salón.

Así que llego la hora de cenar, y cenamos pizza, y salimos a dar un paseo por la calle, y encontramos una heladería pequeñita, escondida entre dos grandes tiendas, que ponían bolas de helado gigantes, y en un puesto de esos que ponen en los paseos marítimos, había vaquitas de todos los tamaños y compramos una, y a la mañana siguiente la bandera de la playa era verde. Y un camarero torpe tiró la copa de vino tinto sobre mi blusa blanca favorita, y… no, el pelo de mi padre no creció, creo que era demasiada magia para un solo día, pero estuvo bien intentarlo.

Carmen estaba contentísima porque todos sus deseos se habían cumplido, pero al mismo tiempo estaba un poco triste, porque cuando se despertó a la mañana siguiente, ya no encontró su varita magia, supongo que no tendrá nada que ver, pero esa noche, mi madre bajo la basura a hurtadillas.

Quien sabe, tal vez fue magia, o tal vez suerte, pero aún así, el brillo de los ojos de esa niña, al ver que todos sus deseos se cumplían, mereció la pena.

Camino

sábado 10 de octubre de 2009

MÁGICAMENTE (final)

-Mira la sonrisa de esa chica, la que camina junto a esa tienda- el niño miró donde la mujer le señalaba- ves, eso es magia, eso casi nadie puede verlo
-¡Eso lo ve todo el mundo! mira el hombre que hay enfrente como se la ve
-Mírala bien, fíjate en la magia que desprende la sonrisa, en la felicidad que emerge de su cuerpo, en la luz que emiten sus ojos- El niño la miró y se sorprendió- Pues eso no es nada amiguito, ahí hay la magia más potente que existe, lo que aún eres demasiado joven para verla- Al niño le daba igual lo que decía la anciana, estaba anonadado mirando la gente que pasaba, las flores… de repente alzó la cabeza al cielo, y se sorprendió, estaba boquiabierto. A partir de ahora, mirara donde mirara todo era diferente, conocía la magia.
La anciana se alzó, cogió la silla orgullosa, y se introdujo en la tienda, el niño la siguió aún con la boca rozándole el suelo, no podía articular palabra.
La anciana le miró y sonrió.
-Haber ¿estás atento?- movió la cabeza tímidamente- fíjate bien en mis manos, no separes tus ojos de ellas, ¿Vale?- las situó delante de el- Estate pendiente ¿si?- asintió- un segundo después una luz violeta brotó de ambas manos, y al juntarlas una pequeña llamarada emergió tan solo un ínfimo espacio de tiempo, ahora en las manos arrugadas de la anciana apareció una barita mágica- Ahora ya eres mágicamente humano, y estoy segura que esto te ayudará.
La puerta de la tienda se abrió, ambos se volvieron
-¿Mama?-murmuró Lucas- ¿Qué haces aquí?
-¿Eso no debo preguntarlo yo?- se puso a gritar histéricamente- he estado buscándote por todos los lados, ¿Tu no tenías que estar en el parque?- la madre de Lucas miró a la anciana, y esta con un gesto le pidió calma- Me tenías asustado- y lo abrazó durante varis segundos.- ¿Cuánto tengo que pagarle por las molestias ocasionadas?- pronunció varios segundos después
-Al contrario, debería ser yo quien tendría que pagarle, ha sido un enorme placer- asintió la mujer, y se lo agradeció
-Venga vamos- pronunció la madre de Lucas
-Espe…
-Tenemos prisa hijo- segundos después ya estaba prácticamente volando de nuevo. La anciana miró entre sus manos, no había podido darle la varita mágica.

En uno de los teatros más importantes del mundo daban una función de magia, pero no una cualquiera, esta era diferente, todas los son, pero esta era realmente especial. En la vigesimocuarta butaca una señora algo jorobada, pero sobretodo, muy anciana disfrutaba del espectáculo. Al finalizar, permaneció sentada hasta que todo el público se había marchado. Un chico, minutos después, le llamo la atención de que ahí no podía estar.
-¿Me podría hacer un favor?- asintió- ¿Le podría entregar este paquete a Lucas Segura Muñoz?- Y lo depositó en sus manos antes que contestara
-Claro que si
Mágicamente Lucas había terminado una función más, ahora ya en el camerino, tan solo era Lucas. Bebía agua, cuando la puerta sonó
-Me han dado esto para ti
-¿Quién?
-Una señora- le habrá gustado el espectáculo pensó
Abrió la caja y descubrió sorprendido mágicamente aquella barita que no pudo coger de aquella vieja tienda hacía muchísimo tiempo atrás. Casi habían pasado veinte años ya. Rápidamente cogió la nota y la leyó
“Intenté localizarte, pero al tiempo me enteré que ese mismo día os marchasteis de la ciudad… pero bueno, al fin y al cabo la magia es magia, y si crees en ella acaba encontrándote. Al fin llega a tus manos lo que es tuyo. Te has convertido en un gran mago, y sobretodo en mágicamente humano Lucas Seguro Muños que tenía 7 años y que iba al colegio Jaume March, y que creó mucha magia en mi corazón”


Leinad23

jueves 8 de octubre de 2009

MÁGICAMENTE (primera parte)

Tras el cristal de un escaparate de un viejo y pequeño establecimiento situado en una callejuela de las afueras de una vieja ciudad, se encontraba Lucas con las manos apoyadas en él, intentando vislumbrar algo en el interior. No era la primera vez que bajaba a esa tienducha intentando conseguir lo que andaba buscando. Lo llevaba haciendo desde un par de semanas atrás, a la salida del colegio. La primera vez que pasó por el lugar, iba con su madre, cuando apreció un rótulo “Mágicamente” apagado ante sus ojos, miró rápidamente la tienda, pero su madre andaba con prisa y le arrastraba, alguna vez que otra había llegado a volar literalmente. La tienda estaba cerrada, se dijo. Así que volvía un día más, y otro, y al siguiente, y siempre regresaba decepcionado y con la cabeza gacha a su casa. Ese día no iba a ser diferente. Solo dió la vuelta, cuando el repliqueo de unas pequeñas campanillas sonaron al chocar la puerta con ellas.
- Hola hombrecillo ¿Qué te puedo ayudar en algo?- pronunció una anciana rechoncha y algo jorobada. El niño se dio la vuelta, y al verla tembló de pánico, quería correr, pero no pudo ni pestañear.
- ¿Qué te pasa? ¿Te encuentras mal?- preguntó la señora preocupada- ¿Te doy un vaso de agua? Venga entra dentro un momento
-Nnnnnnoooo…-dijo con voz temblorosa el niño- ¿Mmmee… vvvass… aaa… coommmmeer?- La anciana sonrió enseñando al completo la dentadura postiza de enormes y amarillentos dientes, lo que aterró más si cabe al niño
-¿Pero como te voy a comer?- sonrió- No entres si no quieres, pero supongo que mirabas a través del cristal por algo ¿no?
-¿Eres una bruja?- la vieja sonrió y negó- ¿Y porque tienes una verruga en la nariz?
-No es una verruga, es un lunar, lo que es un poco grande
-¡Ah!
-Y bien ¿Querías algo? ¿Vas a entrar o no?- El niño la miró aún algo asustadizo y negó- Bueno pues yo me vuelvo para dentro, aunque no lo parezca es una tienda- Lo miró varios segundos he hizo el gesto de volverse, el crío suspiro y lanzó al final lo que quería preguntar desde hacía tiempo
-¿Sabes hacer magia?- La anciana lo miró, alzó su vista al rótulo que colgaba encima suyo e hizo como si no supiera de que hablaba. Miró a ambos lados dándole secretismo al asunto
-Antes de que te hable de estos temas, me tiene que decir quien eres y cuantos años tienes. Tengo que asegurarme de que no corro peligro contándote esto.
-Me llamo Lucas Segura Muñoz, tengo 7 años, voy a segundo de primaria de la escuela Jaume March, tengo una hermana pequeña, mis padres, mi hermana y yo vivimos en la calle….
-Vale, vale- interrumpió la anciana- menudo entusiasmo- Lo miró de arriba abajo como si lo evaluara- ¿Y porque preguntas por la magia?
-Porque todo el mundo dice que no existe, mi padre, mi madre, mi amigo Juanjo Lupe…
-¿Y tu que crees?
-Que si existe, pero no consigo verla.
-¡Ah! Y quieres verla para contárselo a todos, y burlarte de ellos
-No, no, no, ¡que va!, solamente quiero verla para saber que existe realmente, no se lo voy a contar a nadie, ni siquiera se me va a escapar. Además si ellos no quieren creer en ella es que son tontos- sonrió.
-Vale de acuerdo- permaneció en silencio varios segundos- Te voy a contar un secreto, pero no puedes decirlo a nada, ¿Vale?- el chaval asintió- ¿Lo prometes?- El niño volvió a asentir excitado. La anciana volvió a mirar a ambos lados, se inclinó y le susurró al oído- Yo no sé hacer magia, pero la he visto.- El niño se desilusionó.- ¿Quieres que te enseñe a verla?- Se le iluminaron los ojos.
-Espérame un segundo, que voy a coger una silla, comprenderás que yo ya estoy muy mayor para estas cosas- el niño entró con ella y descubrió el mundo de artículos de magia que se encontraba tras la puerta, y que no conseguía ver a través del cristal. Cargó la silla, y la siguió.
La anciana plantó la silla en la acera y se sentó. Lucas la observaba extrañado
-¿Estas preparado?-
¿En la calle? ¿Alguien hace magia en la calle? Pensó Lucas. Asintió para si mismo y comenzó a mirar a todos lados
-Mira el cielo- Lucas obedeció- eso es magia- el niño la miró contrariado, engañado y dolido- Claro, claro, tu no puedes verla aún.
-¿Porqué? Si no he hecho nada malo
-Pero no crees en ella
-Si, si que creo
-No de corazón
-Ayúdame, te lo suplico ¿Qué tengo que hacer?


(continuará…)

Leinad23

martes 6 de octubre de 2009

LA MAGIA EXISTE

Sentada en el crepúsculo de su alma, dejaba transitar sus pensamientos por el jardín de su espíritu incansable. Ese que busca infatigable, cualquier vestigio que hiciera saltar la chispa de su creencia absoluta en la “Magia”

Miraba entretenida el aleteo de una mariposa, que volaba buscando el lugar idóneo donde posarse. Y sonrió…

Notó el bullir de las hormigas laboriosas sobre la tierra esponjosa, canalizando su esfuerzo en conseguir un invierno placentero, recolectando para los duros y largos días pintados de grises tonalidades.

Detuvo su mirada en las incólumes montañas. Magníficas e inamovibles, se mostraban altivas y lejanas, más, cuando posabas los pies en su paisaje, las hacías tuyas sintiéndolas cercanas, acogedoras, absolutamente presentes.

Notó el calor de los largos rayos solares, recorriendo su espalda desnuda, y supo que la estaba poseyendo desde su altura infinita y fogosa. Se dejó arrastrar sin recato, y echó su cuerpo hacia atrás, en intento de hacerse suya por completo. Entonces divisó las nubes de apariencia algodonada y hasta creyó sentir su comodidad subida a ellas.

Éstas, espléndidas inspiraciones eternas, la acogieron en su seno, adormeciéndola. Sus párpados pesaron de repente tanto, que supo de inmediato de la entrada al mundo de los sueños. Soñó en una mirada profunda, casi animal. Unas manos recorriendo su piel hasta electrizarla, escuchó un golpeteo acelerado…

Su corazón.

E intuyó la pasión desbordante del encuentro amoroso en las fibras de su ser.

En los brazos de Morfeo dio forma a un paisaje en el que ríos y mares su fundían, en el que las flores primorosas regalaban sus perfumes y apariencias coloridas, en el que animales variopintos se acercaban a husmearla y de fondo, se escuchaban ruidos, entre los que distinguía claramente voces queridas. Algunas infantiles y otras no tanto. Algunas vestidas de ancianidad.

Y reconoció de nuevo el amor, en todas sus facetas…

Ese reconocimiento, la hizo estallar de felicidad por dentro, despertándola al presente físico anterior al alunizaje en los mundos de ensueño. La luna ya decoraba celestial e impresionante la cúspide del techo del mundo. Y sonrió mirando las diminutas estrellas acompañantes. Se afanó buscando las constelaciones brillantes en sus formas, mientras una ligera brisa erizaba su piel.
Inhaló el aire nocturno ansiosamente. No quería dejar de regalarse con todo lo que estaba sintiendo en ese día en el que había decidido descubrir, si esa “Magia” en la que creía; existía de verdad, pensando que sería acertado hacer su investigación; perdida entre la naturaleza sabia, abnegada, inamovible, eterna y llena de misterios.

Absorbiendo con detalle, cada nimiedad que la rodeaba, cada sentimiento que venía precipitado a su memoria, cada recuerdo, cada anhelo que albergaba el centro de su vestimenta corporal, la hicieron comprender; que la existencia de esa magia, residía en la vida en sí.

Cada átomo que conformaba la existencia limitada del ser humano, era por sí mismo, una partícula de magia. Y cada instante de paso en este agitado mundo; podía ser todo un espectáculo maravilloso donde la magia podría ser la protagonista, la maga alucinante, que dejara embobado a un público despierto a sus trucos fascinantes.



Todo estaba en querer apreciarlo, en desear notar las vibraciones positivas de esos instantes, donde el mejor regalo de vivir, era sentirlos. Saber que el hecho de sentir, era la “Magia” creada para nosotros de forma misteriosa e incomprensible, pero hermosa hasta el infinito… Miró en derredor levantando sus manos hacia el cielo, entendiendo…

Marinel.

domingo 4 de octubre de 2009

LA MAGA DE LOS MUNDOS

Permítaseme contar una pequeña historia proveniente de una historia mucho mayor… Por destino he conocido a la Maga de los Mundos y se me ha concedido la autorización para dar a conocer parte del asombroso secreto que fue, durante milenios, su vida.

Como todos los secretos de la Magna Ciencia, esta historia ha sido escrita millones de veces de maneras diferentes, formando parte de esta ciencia suprema que se ha ido develando y transmitiendo en múltiples y variados lenguajes que abarcan desde la ciencia hasta la religión… Una mente lo suficientemente atenta, es capaz de ver cómo, entre aparentemente sencillos enunciados, se traslucen los misterios del universo. Mitos, leyes científicas, doctrinas religiosas… La Magna Ciencia se revela a sí misma en todos los lenguajes posibles… La Magna Ciencia a la que hoy por hoy, los humanos llamamos, sencillamente, Magia…

Magia es el conocimiento puro.

Y como preámbulo a la historia que daré a conocer, se me ha pedido citar uno de los más importantes preceptos de la Magia:

“La palabra de un mago es lo más poderoso que existe en el mundo”.

Se me ha pedido citar este precepto con una aclaración necesaria: así como los magos son conscientes del poder que tiene la palabra, es hora de que los humanos también lo sean. La palabra crea mundos y es capaz de invocar, incluso, a las mismas fuerzas de la naturaleza. La palabra es el pensamiento manifestado y, por ello, tiene el poder de la creación.

… Y además era una de los grandes misterios que dominaba la Maga de los Mundos.

Cabe señalar, además, que la gran maga siempre insistía en que “Todo es posible si ha podido ser soñado” porque a nuestro limitado entendimiento se le suele pasar por alto las similitud, incluso fonética, que guardan las palabras “magia” e “imaginación”. Cuando a la Maga de los Mundos se le preguntaba el secreto para viajar en el tiempo y el espacio (porque ella poseía la llave para abrir la puerta a todos los mundos), ella solía decir que aquel no era ningún misterio y que aquel prodigio, que todos consideraban inalcanzable, se había venido realizando a lo largo de toda la historia de la humanidad: “La imaginación –decía ella- es el medio que muchos han usado para hacerlo… La imaginación es la llave que abre la puerta a todos los mundos”.

He aquí el inicio de su vida, tal como consta en los Registros de la Luz:

“La noche – día en que Iswen nació, el cielo estaba más oscuro que de costumbre. Todas las estrellas se habían escondido, quedando solo la más brillante junto a la luna llena. La madre de Iswen dormía apaciblemente cuando de repente sintió un fuerte dolor que le despertó. Supo de inmediato que su hija nacería en ese momento porque durante todo su embarazo, cuando aquella estrella aparecía junto a la luna, pasaba la noche en vela.

Era el noveno plenilunio del año.

La niña nació en el momento exacto en que se acababa la noche y empezaba el amanecer. A lo largo de ese día se formaron siete hermosos arco iris alrededor del sol. Era un espectáculo nunca antes visto, por lo que el Consejo de Magos y Magas visitó a los padres de Iswen, que eran los reyes de uno de los reinos de Uris, para contarles que los arco iris eran la señal de que había llegado una nueva maga al mundo y que, sin duda, sería una maga muy poderosa, pues había nacido en el segundo en que se unen la noche y el día y podría traspasar las puertas a todos los mundos, incluyendo el de los sueños.

Pasaron años de arduo aprendizaje hasta que llegó el día en que Iswen sería iniciada oficialmente como maga. Este era un día realmente especial: en la ceremonia de iniciación recibiría el nombre con el que sería conocida solo entre los Magos Mayores y que le daría todo el conocimiento sobre todas las cosas. Los mortales la conocerían siempre como Iswen, pero a partir del día de su iniciación, ella se convertiría en la Maga de los Mundos al recibir su nombre verdadero, el que la haría inmortal y, con él, todos sus poderes y las palabras mágicas que no debería olvidar nunca jamás.

A la ceremonia asistieron los Señores del Valle Dorado, que eran quienes custodiaban la entrada que dividía la parte mágica del mundo de la que no lo era. También asistieron los miembros de la Corte de los Mundos, representantes de todos los mundos visibles e invisibles; así como los reyes y reinas de todos los reinos de Uris. La ceremonia fue llevada a cabo por el Consejo de Magos y Magas y fue el Magnum Mago que lo presidía, cuyo nombre no puede ser pronunciado o escrito, el que hizo su aparición para dar a Iswen la llave maestra que debería custodiar, por ser la Maga de los Mundos. El momento más emocionante fue cuando el Magnum Mago le entregó a Iswen la llave y le dijo su nombre: le ordenó a ella mirarle directamente a los ojos y se lo dijo con la mente, pero Iswen lo pudo escuchar clara y fuertemente, como si el Magnum Mago lo hubiera gritado. En ese preciso instante, Iswen se convirtió en la Maga de los Mundos: la más bella, luminosa y resplandeciente maga que jamás existió...”.

Isis de la noche.

viernes 2 de octubre de 2009

LA CARTOMÁNTICA

Las cartas produjeron un sonido susurrante al rozar con la superficie de la mesa. La mujer sintió en su cuerpo esa música tranquilizante, le recordaba su poder sobre mucha gente. Greñas blancas cubrían sus ojos, dándole aspecto de cachorro hambriento y feroz. Frente a ella estaba un hombre, tan viejo como ella. El individuo la miraba con temor reverente, la cartomántica se lo había implantado con trabajo cuidadoso de años. La receta fue sencilla: aterrorizarlo con una predicción espantosa y asegurarle la evitaría con sus hechizos.


Fuera de la habitación esperaban otros consultantes. En la última predicción había vaticinado una desventura impenetrable, una tragedia incomprensible. Todos resultarían afectados, había dicho, y angustiados se preguntaban por qué. Estaban allí repletos de frágil esperanza, no estaban seguros sí la mujer podría esta vez alejar el mal. Siempre lo había hecho, desde considerables años atrás. Cuando ocurrieron cosas funestas, no pronosticadas por ella, su explicación siempre fue la misma:

—Lanzaron un mal. Sé quiénes fueron, no puedo decirlo, es gente conocida, está prohibido nombrarlos —y lo decía en tono bajo, mirando hacia los lados con ojos perrunos.

—Dame el dinero —dijo en ese momento al hombre frente a ella— debo comprar objetos mágicos y hacer sacrificios cada noche,… ¡No hables con nadie! ¿Qué dicen los demás? —preguntó, imitando el tono de voz de las pitonisas en la TV.

—Están asustados —contestó el hombre, frotándose los dedos con gestos nerviosos— les preocupa lo costoso de las cosas. Están pidiendo un milagro, algo que lo evite sin que nos cueste el dinero de la comida.

—La desgracia ocurrirá si no hacen lo que digo, —insistió molesta y comenzó a barajar las cartas con destreza, — mira, mira, aquí se verá —y lanzó tres cartas para reforzar sus palabras. Entonces dio un gemido cuando las miró.

— ¿Qué pasa? —preguntó muy asustado el viejo.
— ¿Qué es esto? ¿Qué será? —dijo la mujer en voz baja, irguiendo el cuerpo como para alejarse de las barajas.

El hombre frunció el ceño y la duda que siempre estuvo en su conciencia se asomó con fuerza.
— ¿Qué será?... —pensó— nunca había dicho eso, ¿en verdad sabrá de esto?
En ese instante el techo crujió y un trozo cayó en la cabeza de la pitonisa. La mujer murió sin producir algún sonido.

Un año después, viendo el futuro con optimismo, todos decían aliviados:

—Ella hizo el milagro. Nada nos pasó y salió gratis.


Joseín Moros

miércoles 30 de septiembre de 2009

EL ESTIGMA DEL DIABLO

“Stigma Diaboli” de una bruja fosilizado en piedra.

Cuando corría el año 1695, Ricardo Monzón, agricultor de Montilla, presentó una denuncia ante el Santo Oficio. Acusaba a su vecina Margarita Cuevas de que esta, con magias de brujería, malograba todos los huevos que ponían sus gallinas. Todos ellos, inexplicablemente, cuando se abrían, estaban impregnados de sal. “Excelencia –había dicho Ricardo Monzón al Inquisidor-, por culpa de los hechizos de esa mujer hay en los huevos más sal que en las propias aguas del mar.” Además, habría argumentado nuestro hombre, Margarita mostraba en su pecho uno de esos estigmas con los que el Maligno marca a sus fieles más distinguidos. En efecto, aclaró Ricardo, su vecina tenía tres pezones en el pecho, en lugar de los dos que resultan habituales en las mujeres.

Se dice que los inquisidores admitieron la denuncia, de modo que pronto dieron comienzo los interrogatorios y las torturas que se prolongaron durante casi dos años. Margarita, al cabo, reconocería que todo aquello de lo que era acusada era cierto. Se declaró culpable, por tanto, de que los huevos de las gallinas de su vecino resultaran insoportablemente salados, así como de tener en su pecho, además de los dos habituales pezones, una tercera “tetilla” con la que, sin duda, la había marcado Satanás en el mismo momento de su nacimiento. En aquellos tiempos, el conocimiento científico estaba algo atrasado de modo que a los inquisidores ni siquiera se les pasó por la mente comprobar si los huevos que ponían las embrujadas gallinas estaban realmente salados o no. La bruja, apaleada, había confesado su crimen y eso les bastaba.

Mucho antes de que se hiciera desfilar a Margarita por las calles de Córdoba, camino de la plaza de la Corredera, en el Auto de Fe que se celebró en esta ciudad el 7 de agosto de 1699, las gentes de Montilla supieron que la misma noche en que Ricardo Monzón interpuso la denuncia, su esposa había abandonado el hogar familiar. Parece que su marido nunca supo aclarar porqué sabía que la vecina tenía tres pezones…

Señales malignas

Pronto, en el pueblo, corrió la voz de que el Inquisidor de Córdoba, don Iñigo de Meléndez, tras la confesión de Margarita Cuevas y el mágico suceso de los huevos embrujados, se había desplazado a Montilla guiado por el ánimo de investigar la posible presencia allí de otras brujas. Las gentes lo habían visto acompañado de cierta muchacha de Écija de la que decían que sabía reconocer en el cuerpo de las hechiceras el “Stigma Diaboli”, esa señal que el demonio marca en las gentes descarriadas cuando sus almas entran a su servicio… Pronto un miedo intenso sacudió a las mujeres montillanas.


Escena familiar de los felinos en reposo.


Poco después, sin embargo, todas ellas pudieron suspirar con alivio contemplando como con ciertas urgencias los hombres del Santo Oficio regresaban a Córdoba. Parece que la noche de antes de la partida, en ausencia de la Luna, cuatro gatos asilvestrados, tres de ellos blancos y el cuarto negro, habían atacado a la muchacha que don Iñigo de Meléndez había contratado, que mostraba ahora en sus delicados pechos, tras los envites gatunos, las marcas de trece de esos diabólicos estigmas.


ANTIQVA

lunes 28 de septiembre de 2009

SAKIAIRA

I

Nací entre los muros de Zaratustra. Ese día las lágrimas del mundo eran de alegría. Los pájaros pintados en los altares de fuego, escaparon y entonaron melodías en mi cuna. Mi padre fue un río que bendecía con su limo. Callado me enseñó los principios de la vida sólo con ejemplos. Tenía la voz de las olas estampadas en las piedras intrusas. Me indujo a amar la oscuridad de la noche como al misterio más sagrado. De mi madre, sólo sé que, fue una hoja fecundada por el río y así nací con las fuerzas del agua que recorre las llanuras. Ella tenía ojos de canoas y hablaba como el sol naciente. Aliviada, luego de mi nacimiento fue a dormir por siempre en un nido entre los toros alados en bajorrelieve.

Espero las últimas horas de las noches para guardar las estrellas en el balcón de mi alma. Ellas luego saltarán, sin mi permiso para colgarse de esa sombrilla oscura que cubren los días. Desde allí lanzan hebras de poemas que prenden en los corazones enamorados. No son poemas terrenales, por eso tienen más música, es la melodía del profundo espacio.

No creas que estoy siempre en el mismo lugar, porque a veces me gusta transitar por la carretera que forman las nubes secundadas por las luces que el sol me prestó.

Siempre me preguntan cual es mi nombre, y vos también querrás saber. Me llaman SAKIAIRA y cuando me nombran voy prendida en un pentagrama con líneas de golondrinas, son las que viven en los muros de Zaratustra. Sí, en esos huecos encallados en los capiteles. Traen su doctrina como un tren de himnos con principios éticos que no temen a los terrenos difíciles de la vida.

Cuando llega abril me subo a un barrilete y muy arriba el viento me enseña que la muerte está acosando en cada momento, pero la muerte es mujer como yo y no le temo. La veo siempre secando el rocío, rompiendo los nidos y en el proyectil que se hunde en un pájaro. Desde el barrilete, pinto los arco iris, y enciendo de rojo el horizonte mañanero. Me ayudan las mariposas que vienen desde el otro lado del cielo, llegan en paracaídas de flores .Sus alas se sacuden para secar más rápido todo lo que pinto.


II


Un día de tormentas, vi que los océanos crecieron tanto y con sus olas salpicaron mi barrilete ,me avisaban que bajara para ver la tierra temblando, devorada en sus orillas por las aguas .Entonces quise llenarme del poder divino y hablarle, pero Dios estaba ocupado en la distribución de continentes y aguas. La fuerza de un huracán me llevó a una isla de caracoles donde los árboles habían desaparecido hacía mucho tiempo y en el suelo caracolado dormían miles de rayitos de sol. Vi un ángel que extendía sus alas invitándome a volar a un lugar donde se juntan el sol y la luna para repartirse los eclipses y las fases en una precisión matemática. Acepté y juntos fuimos a plantar latidos de estrellas, pero de pronto me enredé en un aro de Saturno. Cargué con una pequeña franja y viajé por encima de las galaxias. Deshilé a esa franja de Saturno, formé un enorme ovillo y fui cosiendo los días de modo armonioso, como formando un telar tomando el color de los desiertos y de las selvas, poniendo la humedad de la hidrosfera, el suspiro amoroso de Dios y todo el oxígeno del amor.

Así el calendario contiene a todos los seres, a los animados y los inanimados. Eso sí, como me llamo SAKIAIRA y habito con los ángeles, me aseguré que la guerra no tenga lugar, porque en ese telar la maldad se filtra y cae al vacío inconmensurable. Este telar sostiene ejemplos valiosos, desprendidos de la órbita divina, se siembran ilusiones y concretan esperanzas.

Te aconsejo que dejes las tristezas en los pétalos de las rosas, la tristeza que salpica en cualquier momento queda triturada y cada pedacito se prende en los labios como sonrisa. Es así. No falla, prueba demoler lo malo con tu pensamiento y verás que tienes más fuerza que un tornado.

Stella Maris

sábado 26 de septiembre de 2009

El reloj se puso en marcha ...

Pasad, Por favor... El Gran Salón ya está dispuesto...

Acomodaos donde más os guste...


Terminado el tema "Parar el tiempo", que ha sido francamente interesante y curioso... El Reino se dispone a entregar las tres menciones especiales, tal como hacemos al término de las publicaciones de los Autores.

Muchas gracias por la ayuda de vuestros votos a los textos, pues son determinantes a la hora de elegir los tres que más han gustado.
Gracias también por las críticas constructivas, que no hacen más que enriquecer nuestra manera de escribir... y a todos vuestros comentarios y a las visitas silenciosas...

Bienvenidos a los nuevos miembros y a los nuevos seguidores.

Bueno, aquí llega el Príncipe... Shssss, Escuchemos lo que tiene que decirnos:

"Los ganadores de los relatos de Género: Ficción y tema: Parar el tiempo son, en esta ocasión...




- Camino por su relato titulado: "Valió la pena"

- Joseín Moros por su relato titulado: "Margarita y el reloj"

y

- Javier Marzo por su texto titulado: "La urna"

A los tres, por su originalidad, su manera de atrapar la atención y sobre todo... por la calidad y calidez humana que desprenden sus almas, capaces de plasmar en las palabras sus sensaciones y convertirlas en historias que comparten con los demás...

Ya conocéis la imagen que identifica a los ganadores de cada tema... Es para vosotros.


Queridos Autores,
Nuestra más sincera enhorabuena. Esperamos que este pequeño presente quede colgado en vuestros blogs, (si ese es vuestro deseo, claro) como muestra de nuestro agradecimiento, amistad y reconocimiento.

Un beso a todos, queridos amigos... Este Reino sigue en pie, por vosotros, adorables y brillantes seres.

Los príncipes de Comansi.

jueves 24 de septiembre de 2009

Gracias.

En breve entregaremos las tres menciones especiales.

Mientras tanto, el jardín de Palacio está precioso... Ya sabéis que todas las variedades de flores están a lo largo de los tranquilos senderos... el estanque con los nenúfares... plagado de hadas juguetonas, deseosas de pasarlo bien.
Y el lago os ofrece la paz necesaria para una declaración de amor o un paseo de la mano de... ella.



Gracias. Hoy me asomé a la Torre Norte y pude veros charlando felices y una sonrisa se me pintó en la cara sin poderlo evitar...

Enseguida estará preparado el Gran Salón para esa pequeña reunión de amigos.
Un beso de los príncipes.

martes 22 de septiembre de 2009

¿DIGA...?

Estaba sola, tranquila sin ningún propósito sino descansar del calor, al refugio del aire acondicionado de mi pequeño apartamento…

Fuera, el sol calentaba como lo suele hacer en agosto… implacable incluso a última hora de la tarde. Eran las ocho y la temperatura no bajaba de los 35 grados.

Hoy había sido un día difícil… Él no se presentó, no pude despedirme. Sabía que no vendría… sabía que no se atrevería… Tomé mi avión de todas formas… para no volver. Estaba claro que aquello no funcionaba. Yo no quería una relación asfixiante, como la que acababa de dejar atrás con mucho dolor y problemas.

Ser individuo y poder compartir buenos ratos, eso era todo. Sexo, risas, amor incluso… pero dos enteros que caminan, no dos mitades que han de complementarse…

Tiré la blusa en el suelo y solté el corchete de la falda, que se escurrió hasta mis tobillos sin un quejido, suavemente… de una patada solté un zapato y otro…

Encendí la tele, y me dejé caer pesadamente sobre el sofá… No sé el rato que pasó, tan solo quería estar allí tirada para siempre… bueno, al menos hasta el lunes. Adormecida pasaron deliciosos minutos y escuché a lo lejos el timbre de la puerta. No me voy a levantar me dije….
Pero el timbre sonaba y sonaba insistente, constantemente.

Buffff, Sin darme ni cuenta de cómo iba ataviada me acerqué a la mirilla y allí vi a una muchacha menuda y mal peinada que estaba inmóvil con el dedo sobre el botón del timbre con una extraña expresión en la cara, como atravesando la puerta que distaba apenas un palmo de su nariz.

¡Basta! Le grité sin abrir… ¡No quiero nada! ¡Márchate, chica!

Pero la condenada muchacha no soltaba el timbre, como una estatua, sin variar un ápice su rostro ni su postura…

¿Cuánto rato llevaba llamando? Diez minutos, al menos.
Miré, estirando el cuello, el reloj de la pared, sobre la tele… Las ocho… ¿Las ocho? No puede ser, Ese reloj se ha parado. A las ocho he llegado a casa del aeropuerto….
Fui a por mi móvil, mientras el endemoniado timbre sonaba ya a trancas y barrancas, a punto de quemarse…

Las ocho… ¡Joder! Pero no puede ser… De repente reparé en que la tele no sonaba. La imagen estaba detenida en ese estúpido anuncio de uno que lleva a sus dos niñas a un banco…. Golpeé la parte de arriba de la pantalla. Uy, algo raro pasa.
Me dirigí a la puerta decidida a abrirla y ver qué narices le pasaba a esa loca…

Al abrir, ni me miró, ni dejó de pulsar con el dedo índice.

¡No me oía! De hecho no podía verme ni escucharme, era como una estatua. Quité suavemente su mano del timbre y éste dejó de sonar por fin. Pasé la mano por delante de su cara pero la nena estaba en off.

Mucho silencio en el descansillo… El ascensor parado. Le llamé y escuché como las puertas se cerraban un piso más arriba y comenzaba a bajar. Normalmente se abrió, pero un tío con un maletín estaba en su interior, inmóvil, igual que la niña de la puerta.

Pero… ¿Qué….? ¡Oiga! Oiga, despierte, le zarandeé, y ya me atreví a tocar su cara con mi dedo, a ver si era de verdad…
Entonces comencé a buscar las cámaras para un programa de esos de bromas… ¡Venga, os he pillado! Hala, ya os habéis divertido bastante… He picado ¡Vale! Ya es suficiente…
Mientras gritaba como una loca por el pasillo delante del ascensor con los brazos en cruz y mirando para todos los rincones del techo… intentaba encontrar las cámaras ocultas.

No obtuve respuesta alguna. Nada. Ni flores, ni risas, ni un montón de gente desbaratando el chirigüito televisivo a mi costa.

En esas estaba cuando mi móvil, de repente sonaba… El ring, ring de llamada desconocida. Corrí a cogerlo y me dí cuenta de que estaba semi desnuda... Espero no haber salido así en la tele.

¿Diga? ¿Sí?

“Esto es una grabación. Desde este instante tienes 48 horas para ti. Solo a quien toques despertará y podrá compartir ese tiempo contigo. Tu decides qué hacer…”

¡¿Quéeee?! Pero qué dice este chiflado. Miraba el móvil como si el pobre aparato pudiera contestarme por si mismo.

Perdón…

¡Vaya, el tío del maletín! Allí estaba, en la puerta de mi casa y yo, casi en pelotas…
¿Qué pasa? Le dije muy digna. ¿Es que nunca has visto a una mujer en ropa interior, cretino?

Él bajó los ojos (qué mono…) y balbuceó algo que no entendí…

Aproveché la coyuntura para ponerme la blusa que estaba junto a mis pies. Mientras intentaba pensar… Menuda estupidez.

Pasa, hombre, pasa… Lo hizo esquivando a la muchacha que ocupaba casi toda la puerta….
Espera, que la toco y que se quite ella (No puedo creer que esté diciendo esto…) Pero así fue. La toqué y pareció despertar de un profundo sueño. Algo confundida me miró interrogante…
¡No lo sé!, niña. Ni idea. Alguien me ha llamado y dice que por dos días el tiempo se ha parado… Pues ya podría haber empezado esto el lunes y no hoy…

Los tres nos miramos sin saber qué hacer.
Pues hala, cada uno a su casita dije empujando a los dos hacia la puerta, que yo tengo 48 horas para dormir…

Me tiré de nuevo al sofá, dormí un par de horas…y de pronto, el móvil sonó… Me sobresaltó… ¡Vaya sueño más estúpido acabo de tener… Parar el tiempo, valiente majadería…!

¿Sí? ¿Diga...? ¿Cariño? Vaya… Te esperé en el aeropuerto. Y ahora, ¿Para qué me llamas…?
Escucha… algo raro pasa…

Y al mirarme, descubrí que llevaba puesta la blusa…

Natacha.

domingo 20 de septiembre de 2009

PARAR EL TIEMPO (POEMA)

PARAR EL TIEMPO

¡Ay si se pudiera detener el tiempo!
Hacer que no exista, un mañana, un luego.

Quedarse tan solo con los ojos puestos,
prendidos el uno, del otro en un vuelo.

¡Ay si se pudiera detener el tiempo!

Acaso no sabes que esto no es la vida
que lo nuestro un día se va la deriva
que por más que quiera, nunca, viviremos juntos.

Tú, en tu propia casa, yo en la mía, ausente
por eso quisiera detener el tiempo
cuando estás conmigo, que nada te aleje
que seas siempre mío.

Pero es imposible,
ya nada ni nadie, detendrá éste tiempo.
tan solo la muerte
pondrá fin a esto.



María Rosa

viernes 18 de septiembre de 2009

EL RENACER DEL AVE FÉNIX

Las manecillas del reloj avanzan inexorables, arañando una existencia vacía, sin brillo, atrás quedaron aquellos días en que la sonrisa pendía de los labios, la cristalina carcajada avanzaba desde el diafragma hasta la garganta en un concierto bien orquestado de melodías. No recordaba en qué momento la sonrisa se había mudado de su rostro ocupado hoy por un extraño rictus.
Todo su cuerpo estaba en tensión, cada mañana empezaba una nueva carrera contra Cronos que la agotaba física y mentalmente sin lograr en ningún momento arañar ni un sólo segundo al dios del tiempo. Derrotada se entregaba cada noche más tarde a los brazos de Morpheo en un vano intento por recuperar parte del yo perdido.

Los jirones de su alma empezaban a ondear al viento sin que fuera capaz de reconstruirla, hacía tiempo que había dejado de tejer en la noches aquellos retales que se le desprendían durante el día, cada noche se reinventaba para salir con la luz del sol a la calle completamente distinta. Pero después de mucho esfuerzo logró convencerse de que crearse una realidad paralela no era la solución a sus problemas y exigía demasiada constancia.

Abocada al abismo de sus sentimientos, se paseó en el alambre de su vida, cada fragmento pasó ante sus ojos como si de una película se tratara, las lágrimas se derramaron cual torrente, a su paso arrastraban penas enmascaradas de sonrisas. La invadió una sensación de paz, al tiempo que una nebulosa blanquecina la envolvía en sus brazos y el dolor iba quedando relegado a un estado de semiinconsciencia, de nuevo oía la cadencia cristalina de la risa, y en sus labios la más hermosa de las sonrisas adornó su rostro.

La sorprendió el alba en aquel estado aletargado, se levantó como cada mañana dispuesta a comenzar una dura lucha, pero se sentía dichosa, por primera vez en mucho tiempo no tuvo que pintarse una gran sonrisa para lanzarse al mundo, su mirada brillaba, emitía destellos que no pasaban desapercibidos. Todavía era pronto para evaluar las consecuencias de ese viaje al interior de su alma, las respuestas a sus preguntas las tenía ella misma y durante años se había negado la posibilidad de conocerlas.

Las manecillas del reloj avanzaban con más lentitud de la habitual, en aquel instante comprendió que perder una batalla contra el tiempo no significaba ser derrotado en la guerra. Comenzó a organizarse de otra forma, en sus manos no estaba el parar el discurrir de las horas que se le escurrían entre los dedos como la arena, pero podía usar otro recipiente para retenerla.

De pronto ante su mirada incrédula, su vida había vuelto hacia atrás, a ese preciso momento en que dio un vuelco y fue expulsada del paraíso y arrojada ante las puertas de su infierno particular, aquél en el que se había visto sumida en los últimos tiempos. Comprendió en ese instante que comenzaba una nueva contienda que quizás le permitiría reparar el daño ocasionado, restaurar su alma.

Revivió con calma los acontecimientos de aquella mañana, el café se había quedado frío en la mesa, Toni estaba preparado para ir a la guardería, en la ducha el agua discurría y una cantinela envolvía la casa, sonrió en su interior, quizás todo había sido una pesadilla, y era el momento de despertar. Abrazó a su marido antes de salir, qué distinto era todo de aquel aciago día, cogió la mochila del peque, lo subió al coche y resolvió desayunar en la oficina.

El tráfico estaba imposible, pero una tranquilidad inusual en ella la embargaba, con una hora de retraso llegó a la escuela infantil, dejó a Toni, y enfiló con la misma cautela el camino a su trabajo, al llegar los expedientes se amontonaba en su mesa, se dio cuenta de que no saldría a hora de recoger a su hijo. Minuto tras minuto el reloj le recordaba el avance del tiempo, a media tarde llamó a su marido para que recogiera al niño. Aquel día Cronos avanzaba despacio, pero también ella parecía imbuida por esa lentitud. Pensaba que aquello era solo un sueño del que despertaría más tarde envuelta en un mar de lágrimas.

Las sombras envolvían la calle cuando salió de su despacho, pensó con tristeza lo difícil que sería llegar a una casa deshabitada, sin que nadie la esperara, sin duda su sueño había terminado y la realidad se imponía amenazadora. Al llegar a su hogar las luces le dieron la bienvenida, en su interior la cocina bullía, y las risas impregnaban el salón. Entró despacio, como si temiera romper el encanto de la escena.

Le robó horas de nuevo a Morpheo para contemplar a su dos hombres, qué distinto era de hacia un año, cuando despertó en la cama de un hospital, con su marido lloroso, cuán ruin fue la noticia de la pérdida de Toni. Jamás pudieron superar como pareja la muerte del pequeño y se quedó sola en aquella casa llena de recuerdos, temía dormir, y que la magia finalizara.

El sueño la encontró desprevenida y sucumbió a su abrazo, a la mañana siguiente el silencio volvía a ser el dueño de su vida, miró el reloj, a su lado las sabanas conservaban la tibieza de otro cuerpo, se levantó con inercia y si dirigió al fondo del pasillo, en una mecedora dormían los dos amores de su vida, se preguntó si había roto el maleficio, y se dispuso a vivir otro día de felicidad.
Las sombras se adueñaron de nuevo de su vida, el sueño tenía un final, pero ahora sabía que si bien no podía recuperar todo lo perdido, sí podía luchar de nuevo por su felicidad. Llamó a la única persona que había amado en su vida, a la que seguía recordando día a día y se propuso construir con ella un nuevo hogar. En su mente una duda, que se disipó apenas una voz masculina ocupó el otro lado de la línea. Se abría una esperanza y se cerraban las puertas del infierno.


Carmina

miércoles 16 de septiembre de 2009

SOLO DOS DÍAS

Ya no puedo llorar más. Las lágrimas no consiguen purgar mi dolor. Debo decirte adiós para seguir adelante. Por eso he decidido escribirte esta carta, resguardada por la soledad de la noche y la oscuridad de mi habitación:


Amado hijo:

Hace tres noches que no logro dormir. Cada vez que cierro los ojos, veo tu cara reflejada en mis pupilas y escucho los pitidos de esas malditas máquinas, que te mantenían conmigo. Sólo dos días, 48 malditas horas. Sólo pedía eso y el Dios que dicen nos guía no nos las concedió. Quería sacarte de ese hospital. Quería que notases el sol en tu piel y el aire en tu rostro. Quería volver a casa. Pero la enfermedad era más fuerte que tus minadas fuerzas. No eras tú el que sobrevivía en esa cama. Hace meses que te habías ido y raras veces volvías a este mundo, al notar el roce de mis manos o los besos que dibujaba en tu frente. Abrías muy despacio tus ojitos y dejabas escapar una sonrisa, que me daba fuerzas para continuar al pie de tu cama. Siempre fuiste más fuerte que tu padre y que yo.

Si pudiese dar marcha atrás y parar el reloj. Si pudiese tener ese escaso margen de tiempo, esas 48 horas, mi niño estarías en tu cuarto, con tus juguetes. Con papá y mamá.

Había preparado tus cosas, tus cochecitos, tu cama, que sé que echabas de menos. Pero el tiempo se nos fue. Después de tanto pelear, se fue. No te imaginas lo que me duele decirte adiós. Me cambiaría por ti, sin pensarlo, con los ojos cerrados. Pero ahora sé que estés donde estés mi niño por fin descansas.

Esta noche volví a soñar contigo. Te vi corriendo, saltando y riendo feliz en el jardín de casa, jugando con Rufo. Siendo un niño, que era lo que debías de haber sido. Si ese ente que vive en el cielo existiese nos habría dado el tiempo suficiente para dejar el hospital y viajar a casa. Pero amor eres tan maravilloso que no podía esperar más tiempo para tenerte a su lado. Aunque la envidia es un pecado, sentía envidia de ti y de mí. Él nunca quiso dejarte, pero te le escapaste de entre sus ángeles, para venir a tocar mi corazón.

Perdona que la tinta de mis palabras esté corrida, pero mamá necesita llorarte para poder permitir que te vayas.

Te querré siempre. Espérame un ratito, que pronto subiré a arroparte.

Mamá

lunes 14 de septiembre de 2009

TIEMPO VIEJO


El brillo o los visos de su ausencia meciéndose en placard de mis recuerdos sin memorias una hoja y una papel sobre la mesa testigo de cada letra y versos que se frustran al mirar su retrato fijado a la pared como el epitafio de su inexistencia...tan irreal como incoherente allí tu rostros detenido...Obligándome amarte quizás como bendición convertida en maldición; trazando tu rostro enigmático he indescifrable para mis analfabetas letras que siendo no son nada; asesinadas por unas cuantas puñaladas de tu indiferencia...Abandonada entre la ausencia de lo que solo queda de ti, sombras que son las inquilinas de tus agonizante rastro; obligado a mi existencia efímera y pasajera a vagar entre la niebla de tu desprecio he indiferencia te busco anhelante entre mis versos y palabras esperando encontrar algo de ti que me de una señal de mi; de que quizás por alguna remota idea a un no te has marchado y sigues aquí conmigo...

Me aferro a tu retrato con mis ojos llenos de ti; el reflejo de tu imagen se hace visible en mis pupilas que lloran tu ausencia y que maldicen tu existencia caigo de rodillas esperando que algún ser al cual algunos se aferran escuche mi suplica mientras reniego el de por que amas?

Te miro desde mi ventana y solo se que te amo y que quizás esta sea mi condenación amarte entre el silencio conformándome solo con amarte....Amor que nació un verano de abril amor que se hizo viejo con el pasar de los años y que hoy hace estragos en mi pelo ya emblanquecido; sin dejar pasar este cuerpo que ya viejo tembloroso camina cerca de la ventana cada mañana con la pocas fuerzas que me regalan; para verte una vez mas...Solo una vez mas, por que quizás mañana no te vuelva ver; sonrió al ver que la vejez no ha llegado solo a mi... Es gracioso saber que yo una vieja pueda amarte como aquella niña de quince años que un día conociste con la sonrisa nueva y con lo ojos llenos de vida y saber que hoy estoy aquí suplicado al cielo un día mas...¿Pero esperen que pasa? para donde se lo llevan? Dije - cálmense me decía un enfermera mientras que mis fuerzas se agitaban entre mi desespero unos cuantos enfermeros pasaron mientras yo escuchaba un ¡lo perdemos!- Enfermeras vengan se nos va

No comprendía lo que sucedía pasaron algunos minutos mientras el alma se me iba con el...
Algunas enfermeras salían moviendo la cabeza y repitiendo hicimos lo que estaba en nuestra manos pero era su tiempo unos cuantos enfermeros salieron con la camilla -pero si, allí estaba su rostro pálido y moribundo era el mientras que lo mire el mundo se detuvo y pareciese que caía en mil pedazos algunas enfermeras corrieron hacia mi; cuando desperté pensé en El… Salí a buscarlo con la pocas fuerzas de que conservaban a un camine tanto, tanto; preguntaba para que me dieran razón de el estas me llevaron a un solo lugar a su tumba si ahí estaba su nombre caí de rodilla ante El y recosté mi cuerpo...

Poco tiempo después la encontraron muerta reposando al lado de la lapida con su rostro tranquilo y sereno quizás como si lo hubiera esperado toda vida...Bien dicen que algunas almas no podrán estar juntas en la tierra pero si son pacientes y esperan si en el cielo. El tiempo se detuvo para estos dos viejos que lo vieron pasar a su lado tan deprisa temeroso lento y rápido, tiempo que los llevo a un mismo lugar y tiempo que se detuvo para ellos por que quizás este paso tan rápido que necesitaba descansar...Y es a si como el tiempo de estos dos viejos paro en una tumba sin importan los minutos horas y segundos que se marcaran en el reloj


Venus…

sábado 12 de septiembre de 2009

UN PARÉNTESIS EN EL TIEMPO

Aquella tarde al salir de mi casa, como siempre, tomé un taxi. Al acercarme al chofer para decirle donde quería que me llevara, quedé muda de la impresión. De inmediato di vuelta la cabeza y comencé a mirar por la ventana, disimulando que no le reconocí.

Sentía que me observaba por el espejo retrovisor, yo trataba de mirarle de reojo y asegurarme que realmente era él. La manera en que iba vestido era muy similar a la que le conocía. Su voz… la oí tantas veces!!!. Se parecía, pero han pasado tantos años que podría haberla olvidado.

De repente, en un semáforo en rojo, apoya su cuerpo en la puerta del auto y a la vez su codo en la ventanilla, tomó su barbilla con la mano izquierda. ¡Era él!. ¡El solía tomar esa posición cuando conducía.!

En ese momento mi respiración se detuvo por unos segundos, me puse más nerviosa de lo que ya estaba y comencé a pensar que no podría ser real lo que me estaba sucediendo. Esas cosas sólo pasan en las películas ó a los demás, nunca me sucedería a mi.

Continué mirando por la ventanilla del auto y pensando si era o no él. El único hombre del que había estado enamorada de verdad y al que había dejado escapar por inmadura y caprichosa.

Cerré los ojos al atardecer que se dejaba caer por la cordillera, y en un instante estábamos, sin darme cuenta, en un lugar lejos de la ciudad y del ruido. Cuando me incorporé para ver que pasaba, el me observaba fijamente. No pude seguir esquivándolo, asi que al fin lo miré a los ojos y de inmediato saltó al asiento de atrás y se puso sobre mi, tan cerca que creí que me desmayaba.

Sus hermosos ojos verdes se clavaron en los míos. No dejaba de mirarme. No se cuanto tiempo estuvimos así. Yo no lograba emitir palabra, y creo que la angustia hizo que comenzara a rodar una lágrima por mi mejilla, la que al llegar a mis labios fué detenida por sus besos.

No hubo palabras, no hubo reproches. Volví a sentir la tibieza de sus labios sobre los míos, su lengua volvía a explorar cada breve espacio de mi boca. Besó mis ojos, mi frente, mi naríz, mis orejas, mi cuello.

No quería abrir los ojos, sólo sentirlo, abrazarlo y aferrarlo a mi cuerpo. Sólo pensaba en volver a tener sus manos y caricias sobre mi piel.

Se agarró de mi cintura y comencé a sentir su respiración en mi cuello, mientras que a lo lejos escuchaba el sonido que emitía mi cuerpo que ya empezaba a descontrolarse... Luego, una voz que me decía...

-Señorita, ¿le sucede algo, se siente bien?.

Abrí mis ojos. Estaban llenos de lágrimas, me sentía muy agitada. ¡Había sido todo tan real.!

-Ehhh, si claro, estoy bien, ¿ya llegamos?- dije, volviendo a acomodarme en ese asiento.

Una corriente helada me recorrió de pies a cabeza. Sentí que volvía de abrir y cerrar un paréntesis en el tiempo.

Sin querer aun mirarlo a la cara, le pregunté por el costo del viaje y de inmediato se giró para decirme: -Son dos mil pesos señorita-.
En ese momento. Sólo en ese instante, me atreví a mirarlo de frente a los ojos.

Definitivamente no era él.


Creo que preferí que así fuera. No habría soportado su mirada acusadora, o el que no me hubiera reconocido. O peor aún... su indiferencia.

¿Dónde estás?, ¿Con quien?, ¿Eres feliz?... ¿Me recuerdas como yo a ti?

LA DE LOS SUEÑOS.

jueves 10 de septiembre de 2009

LA URNA

Gerard abrió la puerta del laboratorio y empezó correr por el pasillo iluminado, por diminutas luces de neón adosadas al techo. Preso de una gran excitación, chocó de frente contra el guardia que vigilaba el acceso al Centro de Control.

- Lo… lo siento – consiguió articular entre torpes balbuceos, a sus pies, la placa de identificación se había desprendido de su uniforme y yacía boca arriba con su foto mirándole acusadora.
- ¡No se puede pasar! El Área está cerrada a todo personal ajeno al lanzamiento.

La voz del guardia armado sonó dura y enérgica, a través de la rejilla que ocultaba su boca. El casco protector le cubría la cabeza y el rostro, con una mínima abertura a la altura de los ojos, protegidos por una lámina de plástico irrompible.

Gerard recogió su identificación y miró con fijeza a los ojos del guardia. Dos fríos lagos azules le aseguraron que no iba a ceder por mucho que insistiera. Esa batalla estaba perdida. Derrotado, dio media vuelta y dirigió sus pasos vacilantes hacia la sala de descanso. Hacía tres días que fue destituido de su cargo como Supervisor de turno por el Almirante Svyatoslav sin motivo alguno. Desde entonces, había vagado por los laboratorios de pruebas, observando el software Beta que se emplearía en el procesamiento del Proyecto Génesis. Hasta ahora habían utilizado la versión 3.0, y su labor en estos momentos consistía en solventar varios fallos de secuenciación para la nueva versión. Pero la Urna, como era llamada coloquialmente la Transmisora de Hipnorealidad por el personal del Caribdis, la nave insignia de la Flota, se encontraba en el Centro de Control. Al menos la operativa. En el laboratorio nº4 se encontraba la versión “Cero”, que fue utilizada para las pruebas preliminares con primates.

- ¡Esa era la solución!

Gerard se sintió impulsado por una repentina euforia. Todavía no estaba todo perdido. Echó a correr por el pasillo, entró en el ascensor y pulsó la tecla del nivel 7. Debía llegar hasta el laboratorio y poner en funcionamiento la Urna “Cero”.

Durante los últimos tres días se había devanado los sesos en busca del por qué de su sustitución.

Las pruebas con los voluntarios humanos habían constituido un éxito sin precedentes, a no ser que contara los fallos en el regreso. La teoría de la Hipnorealidad aseguraba que el individuo viajaría mentalmente a un tiempo prefijado. Hasta ahí se había comprobado su viabilidad a través de los informes realizados por los voluntarios a su regreso. El problema era que no todos habían regresado, o al menos, no todos vivos. El último voluntario lo encontraron al abrir la Urna, con la garganta degollada tras ser inducido al S. XV en plena Batalla de Azincourt.

Fue entonces cuando Gerard se planteó la viabilidad del Dilema. La teoría defendida por algunos de los científicos del proyecto sostenía que: “era posible que los viajes en el tiempo inducidos en la mente, fueran de hecho, verdaderos. De modo que la mente del viajero llegara a suplantar la de una persona real en el tiempo y lugar al que era inducido”. Con, o sin sentido, Gerard había llegado a creer en esa teoría. Sobre todo desde la noticia de que el Presidente de la Federación Universal (FU), Tsubasa Hinata, había sido invitado por el propio Almirante Svyatoslav a probar la Urna, en un gesto de autosuficiencia.

Desde entonces Gerard empezó a atar cabos, y llegó a la conclusión de que el Almirante pretendía asesinar al Presidente induciéndolo en algún momento crítico de la Historia, más si cabe, al conocer la pasión del propio Tsubasa por la II Guerra Mundial.

Las puertas del ascensor se abrieron al alcanzar el nivel 7. Pasó su identificador por el escáner y entró en el Laboratorio nº 4. Las luces se encendieron al acceder al interior gracias a un detector de movimiento. Estaba solo en el inmenso laboratorio. Se dirigió al lado opuesto de la sala, oculta por un manto de fibra metálica se encontraba la Urna “Cero”, con su alargada forma que recordaba un antiguo sarcófago egipcio. Encendió los monitores, retiró la protección de la urna y abrió su tapa de Kevlar. En el interior, el líquido amniótico empezó a burbujear cuando los niveles adquirieron el nivel adecuado.

La decisión estaba tomada, debía volver a algún tiempo indeterminado del pasado y evitar que el Presidente entrase en la Urna.

Tecleó la secuencia de lanzamiento en el ordenador principal, se desnudó y, tras dejar el proceso en automático, se sumergió en el cálido líquido, que lo recibió como el acogedor vientre de una madre. Se ajustó la mascarilla y pegó a su piel los parches autoadhesivos, de los que colgaban finos cables que controlarían sus constantes vitales. Suspiró, y dejó caer la puerta de Kevlar con suavidad, mientras su cuerpo se hundía en el fondo de la Urna. El sonido del cierre automático le llegó atenuado en el interior del sarcófago.

En la pantalla del ordenador, la orden automatizada comenzó su marcha atrás. 10, 9,8, 7, 6, Gerard cerró los ojos, mientras una sensación de aturdimiento le embargaba. 5, 4, 3 ya no había vuelta atrás…2, 1. Cero.

Gerard abrió la puerta del laboratorio y empezó correr por el pasillo iluminado, por diminutas luces de neón adosadas al techo. Preso de una gran excitación, chocó de frente contra el guardia que vigilaba el acceso al Centro de Control.

- Lo… lo siento – consiguió articular entre torpes balbuceos, a sus pies, la placa de identificación se había desprendido de su uniforme…El bucle seguía su curso…

Autor: Javier Marzo

martes 8 de septiembre de 2009

MARGARITA Y EL RELOJ


El sonido de la primera campanada estremeció la vieja catedral, los oídos de la niña quedaron retumbando. Miró hacia abajo, a través de la escalera de caracol, vieja y cubierta de telarañas, tropezó una mariposa muerta y la miró caer hasta que desapareció en la oscuridad. Levantó la cabeza y el miedo intentó hacerla regresar, pero ella quería ver el reloj.

Ese reloj hace sonar las campanas y marca el paso del tiempo—siempre le contestaba la abuela, a su insistente pregunta, recordó la niña.

Tenía siete años y la falda roja le quedaba larga, se enredó con un clavo doblado de la escalera y resbaló hacia atrás, por fortuna pudo aferrarse a uno de los maderos. Se quitó los zapatos para no hacer ruido en el piso de tablones y siguió adelante, lo más rápido que pudo, su pequeño corazón repicaba como otra campana. Abajo, fuera de su vista, entre la multitud de cabezas agachadas, estaba la abuela, rezando al igual que las demás personas; la anciana no se percató de la ausencia de la nieta. Mientras tanto, las campanadas siguieron una tras otra.

Veloz subió por la compuerta y su pequeña cabeza de pelo negro y ondulado emergió. Miró a los lados, la luz del día entraba por los cuatro ventanales a su alrededor. Entonces lo vio.
Tiene ruedas con dientes, como dijo el abuelo—pensó la niña.

Miró a lo alto y vio las campanas, enormes, macizas, moviéndose como enormes montañas de metal. Algo le llamó la atención, un interruptor eléctrico, parecido al que su abuelo tiene en el patio para encender el compresor de aire, cuando va a pintar el vehículo de algún cliente.

¿Si lo muevo se detendrá el tiempo? claro que sí, porque las campanas no podrán sonar—se preguntó y se dio respuesta, usando la misma lógica de siempre, tan veloz y asombrosa para sus abuelos, y que los hacía reír la mayor parte de las veces.

Corrió, se afianzó con sus dos pequeñas manos a la palanca y con el peso de su cuerpo la barra de plástico negro cayó. La séptima campanada no llegó a ocurrir. Los badajos quedaron suspendidos en el aire, como en una fotografía.

La niña se asomó por cada una de las cuatro enormes aberturas. Los vehículos y la gente se mantenían detenidos, las nubes, y hasta las aves, se veían suspendidas en el aire. Bajó corriendo la escalera de caracol y llegó hasta su abuela, ella estaba intentando detener la caída de su rosario, la reliquia se encontraba a pocos centímetros del suelo y la cara de la mujer estaba congelada en un “¡Oh!” de sorpresa. Las llamas de las velas no se movían y el único sonido era el de los suaves pasos de la pequeña. En su traviesa cara surgió una sonrisa de satisfacción.

Yo tenía razón—pensó, y comenzó a correr y saltar descalza por la iglesia, como siempre quiso hacerlo. Gritó a voz en cuello todas las canciones de su infantil repertorio, se acercó a esos señores que antes le inspiraban temor, y gritó los alaridos más molestos que se le ocurrieron.

Después pidió disculpas y repitió el recorrido por las naves de la vieja catedral.

—Ya es suficiente diversión por hoy—sonó una voz.

La niña volteó y allí estaba una anciana, su sonrisa era tranquila y sus vestidos parecían pasados de moda, o tal vez de una moda muy nueva, no estaba segura.

—Yo también, de niña, hacía eso—dijo la mujer—, lo detenía moviendo una palanca; la quitaron cuando lo convirtieron a reloj eléctrico.

La niña se recuperó del susto y preguntó:

— ¿Cómo te llamas?

—Margarita, igual que tú. Ahora sube y levanta el interruptor, después baja con cuidado y regresa al lado de tu abuela. La próxima vez, cuando vuelvas, seguiremos hablando, ¿Te parece bien?

—Sí claro señora Margarita.

—Hasta la próxima vez, niña Margarita.


Joseín Moros

domingo 6 de septiembre de 2009

UNA VIDA MÁS

¿Un par de días?

No, con eso tampoco bastaría. Sé, que no quedaría satisfecha y necesitaría probablemente una vida más… mucho más tiempo. No obstante; válgame ese período, para meterme dentro de aquellos instantes y saborearlos mucho más. Fueron tantos sentimientos hermosos, que se me hicieron fugaces, como todas las cosas buenas que se nos cruzan en el camino de la vida.

La noche era luminosa, despejada y feliz. O yo la sentía así…

Su oscuridad parecía menos densa que nunca. Sus estrellas, luciérnagas espléndidas, sacadas de los cuentos de hadas que leía en la infancia o que ahora lee mi pequeña.

El arrullo de las voces; que para otros oídos desacostumbrados, pudiera parecer ruido, parecía música poetizada a los míos predispuestos. Las risas me parecían cálidas y melosas, me acariciaban los sentidos haciéndome sentir felicidad. Y tu mano en la mía, era ese barco al que asirme para viajar en el ancho mar, sin sentir que su bravura pudiera volcar mi maderamen.

Si por momentos, tus dedos acariciaban mis cabellos, como tantas otras veces, la seguridad era total.

Estábamos reunidos junto a la mesa, no recuerdo si todos, pero sí muchos de los hermanos, con sus respectivas parejas y criaturitas pululando por doquier.

Yo, te miraba de reojo en más de una ocasión, pues ya te sabíamos voluble. Extremadamente delicada, cual flor que ha tenido su período de esplendor y va cerniéndose sobre sí misma hasta cerrarse.

Sin embargo, tu sonrisa feliz, huidiza, pero feliz, conmovía mi espíritu y hacía volar mi alma.
Notaba la esperanza gravitar en mis entrañas.

La alargada mesa estaba a rebosar de platos apetitosos, de esos que te gustaban desde siempre y los que repentinamente comenzaron a gustarte.

Sobre todo, abundaban los dulces variados, cuya atracción hacia ellos, que siempre tuviste, se había incrementado de forma desmesurada.

Todo para nuestra princesa.

Parecía que el buitre de negro plumaje y ansiosas garras, no planeaba sobre nosotros con pico ceñudo.

Todo era casi perfecto.

Alegría, fue la reina de aquel día memorable. Nos era tan necesaria, que quisimos alargarla, estirarla cual goma elástica para no perderla. Hubiésemos querido congelar esos momentos sin que el tiempo inmisericorde los rozara ni de lejos.

De sobra es sabido que eso es un imposible.

Habíamos paseado por los alrededores. Por la montaña agreste y por entre las casas vecinas, donde los perros ladraban a nuestro paso, como celosos guardianes.

Caminábamos lento ¡Tanto!

Sonreíste en más de una ocasión oyendo mis quejas por los odiosos bichos. Reíste con ganas al verme correr ante una avispa zumbona que me perseguía pícara. Tomamos de aquellas flores silvestres de hojas blancas y brillantes que tanto te gustaban, porque adornaban tu casa al secarse guardando su belleza. Nos perfumamos las tres, con matojos de tomillo y romero que crecía libre en el campo.

Las tres hermanas, las tres jinetes como yo decía siempre. Las tres flores de la misma rama. El amor nos acompañaba y dos de nosotras soñábamos con que esos momentos se hicieran eternos.

Tú nada sabías…

Siempre he pensado que quizá no querías saberlo, que huías de la realidad voluntariamente, por no caer en sus brazos dolorosos y difuminarte con demasiada prontitud.

Peleaste con uñas y dientes para zafarte del destino cruel que te aguardaba escondido tras bambalinas.

Y ese día, calladamente, sería el anterior a la caída en picado.

Por eso lo guardo entre algodones. Lo tengo guarecido de tormentas, en esa cueva que he decorado para él.

La llené de tus cuadros de acuarelas, de tus poemas y escritos, de tus dibujos.

La iluminé de tu espíritu risueño, de tu amor incondicional, de tu esbelta figura.

No pude despojar al cielo de estrellas para colgarlas en esa cueva preparada para ti. No pude, porque desde el momento en que partiste, supe que una estrella más había ocupado su puesto en el collar de la noche constelada…

Marinel

viernes 4 de septiembre de 2009

UN INSTANTE

¿Por qué nada se mueve? Yo mismo no puedo moverme; ni siquiera parpadear. Tengo los ojos abiertos y no siento nada, ni siquiera se cual es exactamente la postura de mi cuerpo aunque debo estar tumbado. Veo mi brazo y mi mano cerca de mi cara, y entre los dedos esa mujer tan asustada con el gesto de un grito que no oigo y que… no se mueve, no se mueve a pesar de la posición de sus cabellos separados de la cara por el viento o por su propio movimiento. Pero ¿Qué hago yo aquí?

Debo recordar. Hoy he desayunado en casa; mi pobre madre lo tiene preparado cada mañana y a veces solo puedo consumir la mitad de lo que me ofrece; le digo que tengo prisa, pero en realidad es que no tengo tanto apetito a esas horas. La doy un beso y me despido de ella hasta la noche siguiente; pasaré el fin de semana con Juana en la casa de la sierra.

Ahora veo una mota de polvo, o quizá sea polen, suspendido en el aire y totalmente quieto. Las copas de los árboles están inclinadas apuntando todas en la misma dirección; es decir, hay viento, pero nada se mueve. El aspecto de la mujer es de parálisis absoluta; me mira horrorizada y no cierra la boca en un grito permanente que no percibo.

Nada más salir del portal de mi casa llega Juana en su coche. No me deja conducir; nunca lo hace, pero le insisto cada vez que me acomodo en el asiento de acompañante. Venía nerviosa por la hora a pesar de no haber quedado con nadie, y ni siquiera me da un beso como saludo.

Generalmente solo quiere que nos besemos cuando estamos solos o mientras vemos la puesta de sol desde el mirador de la casa. Pensé que hoy tendría que esperar hasta la noche.

Un pájaro está a punto de posarse sobre una rama, y su imagen está congelada justo en ese momento, todavía con las alas sin plegar y con la vista fija en el punto en que va a posarse. ¿Qué está sucediendo? ¿Se ha parado el tiempo? La nubecilla de polen sigue ahí, quieta, el pájaro congelado aún en el aire a unos milímetros de la rama, la mujer horrorizada sigue en su posición sin dejar de mirarme…¿estará ella pensando como lo hago yo?

Procuro no hablar con Juana para no discutir mientras conduce; a veces suelta el volante, gesticula con sus manos exageradamente y mira demasiado tiempo hacia el acompañante. No puedo decirla nada en esos momentos, pero procuro advertírselo más tarde. Hoy no ha hablado demasiado pero estaba muy nerviosa y despotricaba de todo aquel que se cruzara en su camino, un taxi, un autobús, una abuelita que tarda en cruzar… así hasta salir de la ciudad. Tal y como ha sucedido otras veces.

Si; se ha parado el tiempo. Si el tiempo se para, se para todo lo demás. La velocidad es el espacio recorrido en un tiempo determinado; sin tiempo, no hay movimiento. Por eso no puedo moverme; la quietud absoluta es esto. Y por eso no siento nada; no sé ni en qué postura me encuentro ya que no siento la presión de mi cuerpo sobre ninguna superficie; como un estado de ingravidez. Pero, ¿Por qué se ha detenido el tiempo? ¿Existimos sin esa cuarta dimensión?

Juana iba muy acelerada, demasiado, pero no le decía nada. El ruido de los neumáticos en las curvas debía haberle hecho recapacitar, pero hasta ahora nunca había sucedido nada. Hasta ahora. Subiendo el puerto a esa velocidad no podía haber reaccionado con ese camión tan lento, prácticamente parado a la salida de la curva… Ha sido eso; un accidente… recuerdo salir disparado atravesando el parabrisas; mucho dolor y después nada…

Por el peinado y la camisa a cuadros esta mujer era la conductora del camión; o su acompañante. La pobre no tiene culpa de nada pero está muy asustada; ahí sigue paralizada, como el polen y el pajarillo. ¿Qué me ha sucedido? Supongo que puedo pensar porque la velocidad del pensamiento es superior a la de la luz; o no hay forma de medirla ya que es independiente del espacio y del tiempo y todo lo que estoy pensando lo hago en un instante tan pequeño que no hay tiempo que lo mida… Un instante; un punto en la línea del tiempo.

Quizá es este el último instante de mi vida y por eso mi mano, los árboles, el pajarillo, el polen, la mujer asustada… están desapareciendo, difuminándose, sumiéndose en una claridad indicativa de la nada…

Tito Carlos

miércoles 2 de septiembre de 2009

FOTOGRAFÍA EN EL ALCÁZAR


Timoteo de las Casas, funcionario de Correos, cuando falleció dejó una herencia tan modesta como su propia vida. Su viuda, doña Paula, tras los funerales, convocó a sus dos hijos en la cocina familiar. Allí, sobre la mesa, había colocado tres cajas de hojalata en cuyo interior se conservaban a salvo de las humedades las pertenencias del difunto.

En la primera de las cajas, envuelto en plástico, estaba guardado un pequeño fajo de billetes. Doña Paula, ante sus hijos, lo contó: “Aquí hay 20.800 pesetas”, concluyó la mujer. “Con este dinero y con la pensión de la Mutualidad podremos irnos defendiendo”, sentenció.

En la segunda de las cajas, envuelta en un trapo anaranjado, había guardado el difunto una máquina fotográfica Leika que en los últimos años le había proporcionado momentos felices. Amante de la fotografía nuestro hombre, privándose de otros caprichos, había adquirido esa máquina con la que en ocasiones especiales retrataba a su familia.

En la tercera caja, finalmente, estaban amontonados varios cientos de imágenes que Timoteo había tomado en esos años de afición. A su lado, envueltas en plástico, estaban también depositadas ocho monedas, algunas de plata y otras de cobre, emitidas en los tiempos en que en España reinaba Alfonso XII. Nadie supo nunca donde guardaba Timoteo los negativos de las fotografías. Jamás aparecieron.

Requeridos por doña Paula para que se repartieran esos “recuerdos” de su padre, Esperanza, la hija, más sentimental, se decidió por la colección de imágenes y por las monedas alfonsinas que, ¿quién sabe porqué?, uno de los abuelos del difunto había decidido hacía muchos años conservar.
Salvador, el hijo, tras escuchar las palabras de su hermana, decidió quedarse la maquina Leika. Aunque no sentía interés alguno por la fotografía se prometió a si mismo que aprendería a usarla, quizás como un acto entrañable de homenaje a su padre.

.../…

Era sábado y aquella tarde Salvador se acercó a los jardines del Alcázar de la ciudad con la idea de tomar algunas fotografías. En su mano, enfundada, portaba la cámara que había heredado de su padre. De manera paulatina, ¿quien sabe como?, se había ido aficionando a su uso, de modo que al fin compartía la pasión que había poseído a don Timoteo durante los últimos años de su vida.
En la escalinata de la torre de los Leones, se topó Salvador con una niña que vestida “de Primera Comunión” jugueteaba con sus primos. “Niños –exclamó- posad un momento y os haré una foto”, pero no tuvo tiempo de hacerlo… En el momento en que los niños, formalitos, posaban, llegó allí un grupo alborotado de jóvenes. Salvador no lo dudó y los invitó a unirse al grupo. Ninguno de ellos conocía a los niños, pero aceptaron entre risas.

Fue entonces, en el instante en que pulsaba en el disparador, cuando el fotógrafo reparó en el modo tan bello en que estaba posando una de las jóvenes, rubia, que parecía mirar al cielo mientras sonreía de una manera angelical… Entonces, al momento, cuando apretó el pulsador, fue cuando sucedió algo insólito…

“Que ocurre –le dijo la muchacha rubia de la sonrisa- que todos se han quedado inmóviles… Nadie se mueve… ¿Qué pasa…?” En los ojos de ella se percibía el modo en que la sorpresa y el miedo, en similares proporciones, se habían mezclado…

“No te preocupes –respondió él- me ha pasado alguna otra vez… Son cosas de la cámara, creo que tiene demasiados años… A veces, cuando tomo imágenes, al pulsar, pasa algo y durante un tiempo el mundo queda en suspenso… Pero no es nada grave… Solamente algunas personas especiales, como es tu caso, escapan de esa influencia. A mi, por lo que ves, tampoco me afecta. No te preocupes, amiga, pronto todo volverá a ser normal…”
“Ven -prosiguió Salvador- vayamos a aquella fuente y bebe un sorbo de agua, te encontrarás mejor… No tengas miedo… Nada va a suceder… Ven… Toma mi mano…”

La muchacha, confusa, como caminando entre las nubes, aceptó la mano de Salvador y los dos se encaminaron al cercano surtidor… No entendía nada de lo que estaba pasando, pero se sentía atraída por aquel joven que no parecía apreciar nada extraño en la tan insólita situación que estaba viviendo.

Para entonces, él solamente pedía al cielo que “aquello” duraba todo el tiempo posible… Aquella joven, tan encantadora, le resultaba bellísima y deseaba tener tiempo para conocerla. Así fue como caminando de la mano, entre las sonrisas de él y el indudable sentimiento de temor de ella, llegaron a la fuente. La joven sentía el frescor del agua en sus labios cuando algo, de súbito, rompió el hechizo. Se escuchó una voz… Alguien gritaba:

“María, por Dios, ven aquí, que todos se han ido –exclamaba un joven delgado cuya silueta, al lado de ella, se recortaba en la fotografía-. “¡Vamos…, que nos quedamos rezagados…!”

¡Adios, adios…! –exclamó la muchacha-, “Me está llamando Antiqva…! ¡Adios, amigo…! Espero que algún día nos des una copia de esa fotografía” –terminó diciendo mientras se alejaba-.
En aquel momento, ella no podía sospechar que muchos años después, cuando contemplaba una colección de fotografías anónimas alojadas en Internet, Antiqva habría de reconocer la imagen.

ANTIQVA

lunes 31 de agosto de 2009

VALIÓ LA PENA

Jugando en los jardines del reino Comansi, los Príncipes tiene una idea:

-pararemos el tiempo durante cuarenta y ocho horas, en las cuales podréis hacer lo que os apetezca, decidiréis donde ir y con quien, y podréis hacer todo lo que queráis.-todos aplaudieron.

-mañana, comenzaran vuestras cuarenta y ocho horas mágicas, decidir bien que queréis hacer.

Los Príncipes se retiraron al interior del castillo, todo el mundo paseaba por el jardín lleno de dudas qué hacer, qué decir qué querer…
Me retire a mi habitación, con las manos en los bolsillos, sabía perfectamente lo que quería, me metí en la cama, al despertar, la magia de Comansi, habría comenzado, y serian cuarenta y ocho horas maravillosas…
Desperté con los primeros rayos del sol golpeando mi mejilla, había una nota sobre la almohada.

Camino: Solo tienes que decir en voz alta los nombres de las personas y del lugar, Y todo aparecerá en el momento que habrás la puerta de la habitación, Píenselo bien, no habrá marcha atrás, solo los nombre que digas antes de abrir la puerta estarán. Tus cuarenta y ocho horas comenzaran cuando habrás la puerta. Suerte, y que seas feliz. Natacha y Emig.
Firme y decidida me dirigí a la puerta, puse la mano en el pomo y…
Carolina, Lucia, Clara, Jana, Rocío, Carmelo, Daniel… mi destino: La granja escuela donde nos conocimos.

- Abrí la puerta sin miedo, una luz me cegó por un instante, el sol del verano, brilla con fuerza en el exterior, Ellos estaban nadando en la piscina, unos a otros se hacían aguadillas, Carmelo salía de la piscina y cogía una de las toallas colgadas de la valla de seguridad, se la ataba al cuello, y se tiraba de cabeza como si fuera superman otra vez al agua, Jana, Clara y Rocío intentaban perseguirle para que no lo hiciera, pero como siempre, Carmelo era mas rápido. Daniel se reía a carcajadas. Lentamente me fui acercando, se dieron cuando de que estaba allí, salieron deprisa de la piscina y todo fue un lió de abrazos, besos, y gotas de agua por todas partes. No recuerdo como pero acabe metida en la piscina con todos ellos, con la ropa puesta, poco a poco nos fuimos tranquilizando, sentada en el borde uno a uno nos fuimos poniendo al día de lo que había ocurrido en nuestras vidas, nuevos trabajos, nuevos estudios, nuevos amigos, parejas, la perdida de seres queridos por todos nosotros, la tarde callo entre risas en la piscina y confidencias sentados en una piragua con la que se enseñaba a los niños mas pequeños del campamento a mantener el equilibrio en el agua, la cual sospechosamente, solo volcaba cuando Carmelo estaba cerca. Acabamos echados sobre las toallas al sol en la cancha de baloncesto que estaba al lado de la piscina, mirando al cielo.

Se le echa de menos, la granja no es lo mismo sin su risa - susurro Lucía.

Lo se, hay veces… espera, al fin y al cabo, no tengo nada que perder, es mi deseo, mis cuarenta y ocho horas ¿no? Dije yo, mientras los demás me miraban sin entender lo que decía, era la primera vez que todos nos juntábamos en aquel lugar tras perder a un buen amigo, un gran compañero, pero aun así, habíamos vuelto allí, y le honrábamos recordándolo. Me incorpore sigilosamente de la toalla y me acerque hacia la puerta por la que había salido, al tocar el pomo de la puerta la voz del príncipe sonó con fuerza. –si la abres, perderás tus cuarenta y ocho horas. Lo se, solo quería saber si puedo decir un nombre mas, si es posible, que el pueda estar en este sueño- dije muy bajito, casi suplicando. –hazlo, pero perderás veinticuatro horas, ¿estas dispuesta? Mire el reloj, faltaban dos horas para que terminaran las primeras veinticuatro…
Alfonso, quiero que vuelva Alfonso. Pues, dos horas con ellos, con todos ellos, sería mejor que una eternidad sin uno.

Al darme la vuelta, allí estaban todos, echados sobre las toallas, bromeando como la última vez que les vi hace ya casi cuatro años, corrí hacia ellos, y cogiendo impulso, salte sobre todos, haciéndome hueco con los codos para ponerme en el centro de todos, chistes, risas, saltos y volteretas, juegos malabares, el tiempo pasaba demasiado deprisa, de repente escuche un suave clic, nadie mas lo escucho. Me levante con disimulo, no quería romper aquella magia.
-Donde vas- Dijo Carolina y todos me miraron.
-No os preocupéis, ahora vuelvo, os quiero mucho sabéis, Os quiero tanto que os abrazaría siempre.
Ellos siguieron con sus risas mientras yo avanzaba hasta la puerta, una lágrima resbalo por mi mejilla, cruce hacia la realidad. La puerta se cerró.
La princesa estaba allí, de pie, con una expresión triste.
-siento que solo pudieras estar con ellos tan poco tiempo. Dijo ella acercándose para darme un fuerte abrazo.
-Yo lo que siento es que la magia del Reino Comansi no pueda hacerse realidad en el mundo que hay tras esas paredes. Prefiero eso, que volver a ver una lagrima en sus ojos.

La princesa paso su brazo por mis hombros, y salimos a pasear por los jardines de palacio.

VALIÓ LA PENA.


PD: Cuando descubrí que el Reino Comansi me brindaba la oportunidad de pasar cuarenta y ocho horas de “esperanza”, no lo dude, decidí que seria mi mejor homenaje a alguien de quien no me pude despedir, alguien que formo parte de mi gran círculo, ese círculo que pase lo que pase será siempre perfecto, porque gente como él lo ayudo a crecer. Gracias por brindarme la oportunidad de volver a pasar una tarde de piscina con todos ellos, de oír sus risas en mi cabeza.


Camino

jueves 27 de agosto de 2009

MENCIONES ESPECIALES

Queridos Autores, hoy hacemos entrega de menciones especiales.

Hoy se premian los tres cuentos más votados por vosotros, los que más han gustado.
Nunca es fácil elegir. A mi, todos me hicieron volver a parte de mi infancia, a parte de mis recuerdos... aquellas historias con las que soñamos, princesas, hadas, duendes y seres que provocaban en nosotros sentimientos tan dispares como la felicidad, la incertidumbre, las dudas, incluso el miedo...

Hoy, como tantas otras veces, el castillo se viste de gala.
El Príncipe, en pie os habla...:

"Gracias todos por venir. Tengo el inmenso placer de anunciar a los tres ganadores del Género: Infantil y el tema: Cuentos, que en esta ocasión son:

Redoble de tambores....


- Ruth Carlino, por su texto "La ninfa y el guerrero"

- Tito Carlos, por "El dibujante mágico"
y

- $MK, por "Un cuento para no dormir"

Este presente es para vosotros. Es nuestra humilde manera de daros las gracias en nombre de todos y por ser, esta vez, los más votados.




Gracias a todos los demás: Stella, Fabiana, Marinel, María José, María Rosa, Antiqva, Pedro y Seo, por los cuentos maravillosos que habéis compartido con todos los Autores.

Sé que muchos venís y no comentáis... pero que sepáis, que un cachito de vuestra alma queda prendida en el blog, delatando vuestra presencia... Gracias a todos. Se os quiere.

Muy pronto comenzamos con la publicación del tema "Parar el tiempo" y propondremos el nuevo tema para vuestras magníficas letras.
Un beso,

martes 25 de agosto de 2009

UN CUENTO PARA NO DORMIR

Érase una vez una nave de una galaxia muy lejana que se adentró en nuestra galaxia. Sus tripulantes son unos seres con forma de pez. Con un cerebro desarrollado y sus aletas eran musculosas y prensiles. Se comunicaban por vibraciones. Llevaban traje espacial relleno de un liquido acuoso y el casco también estaba lleno de ese liquido.

Hace miles de millones de años estos seres viajaban intentando descubrir nuevos mundos que conquistar. En su viaje llegaron al cinturón de asteroides, cuando de pronto divisaron un cometa iba a impactar con la nave. El comandante de la nave dio orden de disparar su armamento para desviar el rumbo del cometa. El disparo partió el cometa en dos y cambió de dirección, el pedazo más grande chocó contra uno de los asteroides del cinturón.

Los pedazos del asteroide y del cometa fueron a para a un planeta cercano. La nave Agnatos divisó aquel extraño lugar. Al parecer este planeta estaba sufriendo los impactos de los restos del asteroide y adentrarse en él resultaba peligroso. Así que marcaron las coordenadas en la nave y decidieron regresar más tarde. Cuando el bombardeo hubiese escampado.

Transcurrieron miles de años hasta que la nave Agnatos regresó a este planeta. Se encontraron muchos cambios. En lugar de ríos de fuego había un manto verde que cubría los lagos y ciénagas, era un lugar muy agradable y tomaron la decisión de bajar y poner en marcha la misión que debían haber realizado miles de años atrás. Agnatos aterrizó en una zona tranquila, rodeada de vegetación abundante, algunos insectos y organismos celulares complejos. Bajaron de la nave dos miembros de la tripulación. Uno de ellos el capitán y un ayudante. Éste último portaba un cuenco cóncavo cuyo contenido era una especie de huevos que tenía ese liquido acuoso que del que estaban relleno los trajes. Los depositaron con cuidado en la ciénaga y luego se marcharon.

Durante el regreso a su planeta, a años luz, comentaron en su lenguaje:

-Capitán, está seguro de lo que hace. No se si sobrevivirán.
-Nos queda otra opción. Deberán adaptarse al clima del nuevo planeta si queremos que nuestra especie no se extinga. Sólo espero que la próxima generación sea capaz de ver su progreso.
-Sí, yo también lo deseo así.

Y la nave Agnatos se perdió en el espacio con la incertidumbre si algún día volverían.
Pasaron los años y de esos huevos salió un pez que tuvo sus dificultades al principio. Debido al hábitat y para sobrevivir mutaron en una distinta clase de pez, mejor preparado para ese hábitat. Y así con el paso de los años aquel pez se transformó, conviviendo con los peces en los que antes de había transformado. Los había de muchos tamaños y claro la comida escaseaba y los más grandes decidieron comerse a los más pequeños. Como había bastantes peces gordos uno de esos peces tomó la decisión de salí de la ciénaga que había sido su hogar. Salió a la superficie y lo pasó mal. Otros congéneres suyos hicieron lo mismo y fracasaron en el intento hasta que uno de ellos se adaptó y mediante saltos fortaleció sus aletas. Los peces gordos y otras especies vieron mermar su alimento y salieron a la superficie en busca de su comida.

Los años pasaron y el pez que salió de la ciénaga se transformo para poder vivir mejor, Algunos tenían escamas húmedas, otros caminaban hasta que un día y hartos de tanto correr y desvanecerse a cada rato para evitar ser el almuerzo de otras especies desarrollaron un corazón con el que controlaban el oxigeno.

Todas las especies se vieron amenazadas por los cambios climáticos. Glaciaciones, calentamiento global, escasez de alimentos... Muchos sucumbieron ante el impacto de un meteorito. Pero las especies que resistieron se vieron fortalecidas.

Aunque la mayoría de las especies se extinguieron hubo un pequeño roedor que logró hacerse un hueco entre tanto bicho grande. Este roedor creció y se transformó en un simio. Por primera vez en muchos miles y miles de años apareció un homínido. Ya nada queda de ese pez que la nave Agnatos depositó en a ciénaga. Este primate evolucionó hasta convertirse en un Sapiens, o sea nosotros.

Es por ese motivo que tu, papá, mamá y yo procedemos de un ser alienígena que tuvo transformase para sobrevivir en este planeta. Y cuando se avista un OVNI significa que la especie que nos dejó nos está viendo, algunas veces bajan y nos transportan a su planeta, nuestro planeta de origen...

-¡¡Mamaaaaaaaaa!!-La pequeña Marta sale corriendo a la habitación de su madre.-Sergio dice que somos marcianos.
-¡Sergio! ¿Qué demonios le estas contado a tu hermana?-Me abronca mi madre señalándome con su dedo.-No sabes que es pequeña y se asusta fácilmente.
-Sólo le estaba contando la historia de la vida en la tierra-le explico- es que mañana tengo un examen de ciencias y con alguien tengo que ensayar, si al menos tuviéramos un perro pues no tendría que hacer esto.
-¡Basta! ¡Castigado sin salir este fin de semana! ¡Y sin ordenador hasta que yo lo diga!
-¡Maldito examen de ciencias!

$.M.K.

domingo 23 de agosto de 2009

NATURALEZA

Os voy a contar la historia de cómo cuatro pequeños duendes salvaron el mundo. Escuchad atentos:

En un remoto bosque de un lejano país vivían cuatro duendes en una vieja cabaña. El primero de ellos era joven y alegre, disfrutaba de la luz y sonreía con el trino de los pajarillos. El segundo siempre perezoso y remolón adoraba las siestas después de comer y los baños en el río. El tercer duende era mayor que los dos anteriores y muy enfermizo, pues perdía a cada paso un poco de vida, como un árbol pierde sus hojas. Y el último duende, un viejecillo de pelo canoso pasaba sus días frente a la lumbre envuelto en su tupida manta. Se llamaban Primavera, Verano, Otoño e Invierno y nadie podía calcular su edad. Nadie sabía cuánto hacía que habían nacido, pero el mundo entero celebraba sus cumpleaños.

Se pasaban la mayor parte del año durmiendo y sólo uno de ellos permanecía despierto, vigilando el trabajo que le había asignado la jefa de los duendes: Naturaleza. Era el turno de Primavera. Llevaba despierto sólo dos semanas intentando limpiar el rastro de Invierno, que muy cansado ya por la edad, había olvidado guardar la nieve de las montañas y el hielo de los ríos. Mientras derretía la nieve con la ayuda de los primeros rayos de sol, recibió la visita de Naturaleza.

- Primavera, debes despertar a tus hermanos- dijo muy seria

- ¿por qué?¿qué es lo que pasa?

- La bruja Contamina, está haciendo de las suyas y yo cada vez estoy más cansada, tenéis que ayudarme.

Primavera salió corriendo directo a la cabaña y despertó a gritos a sus hermanos para contarles lo que le había dicho su jefa.

- ¡Verano, Otoño, Inverno¡¡Despertaos¡ Algo malo va a pasar

- ¿Qué dices hermano?- preguntaron los tres

- Contamina ha vuelto y tiene acorralada a Naturaleza. Quiere convertirse en la jefa y crear una sola estación. Quiere que exista un solo duende que cambie nuestro trabajo. Si Contamina gana, solo habrá calor y los polos que tanto tiempo has cuidado Invierno se derretirán y mis pájaros se irán.

- Eso es imposible, ¿qué podemos hacer? Es más fuerte que nosotros- preguntó Verano, aún medio dormido.

- Lo único que podemos hacer es pedirle ayuda a las personas para acabar con esa malvada bruja.
- ¿Cómo?

- Si les enseñamos lo que va a pasar si Contamina gana, a lo mejor podemos conseguir que dejen de tirar la basura y empiecen a reciclar. Sin basura Contamina no tendrá comida y podremos encerrarla para siempre

- ¿Estáis conmigo?

- ¡¡¡ Si ¡¡¡

Así los cuatro duendes empezaron a viajar por el mundo derritiendo el hielo con los rayos de Verano, congelando los campos con el frío de Invierno y estropeando las cosechas con la debilidad de Otoño. Lo que hacían no les gustaba pero era la única opción para atrapar a Contamina.

Cuando los hombres se dieron cuenta de lo que estaba pasando, empezaron a limpiar los ríos y mares. Empezaron a separar la basura y a reciclar. Cada día que pasaba Contamina estaba más débil y los duendes más y más fuertes, así que decidieron ir a atraparla a su escondrijo.

- Sshh no hagáis ruido- dijo Primavera

- Contamina está en su habitación. Sus compinches la han abandonado porque ya no tiene fuerzas y no podrá ser la jefa. Es nuestra oportunidad- dijo Invierno

- Adelante chicos, tenemos que salvar a Naturaleza

Muy despacio y sin hacer ruido los cuatro se adentraron en la guarida de Contamina y la capturaron. Estaba tan cansada por no haber comido que no fue capaz de pelear. La llevaron a su cueva y la encerraron en una jaula con cuatro candados. Cada uno guardó una llave y aunque Contamina intente escaparse siempre habrá un duende despierto que vuelva a cerrar su jaula y a salvar a Naturaleza.


viernes 21 de agosto de 2009

LA HISTORIA INENARRABLE

Érase una vez que se era, en un lugar muy muy cercano... aquí mismo, vaya, en el salón de mi casa; y en un tiempo nada nada remoto... casi hace un rato, para que nos entendamos, ocurrió el hecho más sorprendente e inesperado de cuantos hechos sorprendentes e inesperados pudieran ocurrir; una cosa la mar de rara, que se dice, vayan vuesas mercedes haciéndose una idea.

Y como servidor de ustedes no es de esos que se guardan las cosas para sus adentros, que poco provecho viene a tener esa manía, pienso yo, pues me da el contar todo lo por mí oído, que no vivido, no se vayan a pensar. Porque resulta que esto tan extraño que paso a relatar inmediatamente, llegó a mi entendimiento a través de un pequeño pez, de esos de colorines, que vive en un estanque que corre por el lugar mencionado, de aguas verdes y transparentes, como luna de escaparate de El Corte Inglés, miren ustedes. Es bien conocida la sinceridad y honestidad que estos bichos ostentan, ya sea por lo memoriados que son, también de sobra conocido este detalle, o por lo avispados que resultan ante tantas nuevas experiencias que les acontecen durante sus prolongadas vidas. De ahí mi tranquilidad al exponer a sus mercedes lo que por su boca salió, líbreme el Altísimo y que me cuelguen por mis atributos de la rama más alta de este álamo que me cobija, si miento o exagero en algo de lo que diré a continuación. Y este punto debe quedar bien clarito, pues nada más lejos de mi intención que poner en entredicho mi intachable fama de persona honrada y bien dispuesta para decir verdad en todo asunto que se tercie.

Pues como decía, asomábase el pececito a través de estas aguas limpias, las mismas que en tiempos de antaño vieron surcar navíos imponentes en pie de guerra, que no vayan a pensarse que esto me lo contó también el susodicho pez, a tanto no llega su longeva existencia, no, de esto de las batallas navales de la antigüedad por las aguas que bañan el salón de mi casa vine a enterarme por unos escritos que estaban grabados en un gran pedazo de hielo que trajo la marea hasta la orilla más próxima al sofá, durante un día de aquellos de largo viento de poniente y calor sofocante. Que uno, aunque un poco despistado, también es instruido en el arte de las letras escritas, qué se creían, si no ¿de qué iba a estar tan bien mirado por el barrio?

Pues eso, que salió el animalito y ahí que me lo soltó todo, sin omitir ni una sola coma, con todo lujo de detalles, dejándome tan boquiabierto como seguro que quedarán todos ustedes, vaya que sí, si no al tiempo.

Y no quiero dilatarme más con tanta palabrería vacía, porque más de un espabilado pensará que nada tengo que decir, ya saben la de malpensado que anda suelto por el mundo, válgame Dios. No quisiera tener que repetir lo poco aficionado que soy a jugarme la credibilidad que me caracteriza y por la que tanto soy buscado en reuniones y demás correrías de amiguetes dispuestos a la charlatanería, quede claro el asunto.

Sin más dilaciones ahí va el tema, avisado han quedado más que de sobra, que conste, no me vengan después con aquello de “no me lo puedo creer” o “que me parta un rayo si eso es verdad”, les prevengo que soy de fácil enojar y de más rápido entrar al quite, que como me entere de que alguien pone en duda lo contado, no respondo de mi empuje, que también soy afamado por mi incontenible arrebato. Ya les digo que a las buenas soy como el mejor, pero cuando me tientan.... cago en Dios, qué me ciego, ¿eh? ¡Qué me ciego! Y me lío a mamporro con ‘to’ lo que se menea. Ahí queda dicho y avisado.

¿Qué iba diciendo? ¡Ah sí! Lo del boquerón ese, que ya se me va olvidando con tanto dime y direte. Pero es que tiene que ser así, si no después pasa lo que pasa. Y es que estas cosas de tanta enjundia para el día a día hay que hacerlas bien, o mejor no se hacen, porque para chismorreos ya están los demás, vuesas mercedes, que son gente de grandes entendederas, seguro que me comprenden, ¿no es verdad? Pues claro, si es lo que yo digo.

Bueno, antes que nada decir lo embobado que me quedé en viendo salir al pescado de marras como ya he dicho, porque sí, ya pasó de pez a pescado, no pude evitarlo, y es que lo de mi carácter de ‘echao palante’ no iba en broma, ¿qué se creían? Lo vi ahí tan brillantito y como metido en manteca que se conservaba el condenado, que daba gloria verlo, vamos, y me fue imposible aguantar el arranque de trincarlo, como se imaginarán. Y es que uno de esos entre dos cachos de pan y unas rodajas de tomate está que ni pa’qué te cuento.

A lo que iba, que se me va el santo al cielo...

¡Ahí va, la ostia, que me quedo sin papel para terminar este cuento!; ya estoy viendo por ahí la rayita de puntos que me dice que hasta aquí hemos llegado. Pues tendremos que dejarlo para otro momento, qué conste que no tengo yo la culpa ¿eh? Sino los que ponen las normas, osease, esos dos principitos tan pintiparados de ese reino de Comansi, que para cuentos... mejor me voy a callar, que con esta gente de alta cuna ya se sabe, mucho jijiji, jajaja, y luego más pronto te mandan para galeras, cuando menos miras, y a remar hasta que te mueras de puritito cansancio, que ya me los conozco. Vaya tela con ese par de dos, de adónde habrán salido; si yo nada más verlos los calé del tirón, pues poco despabilado que soy para estos menesteres del calado humano, que me las pinto solo, no más.

Pues lo dicho, que ya les contaré en cuanto pueda lo que me dijo el calamar ese.... ¿o era un renacuajo? Bueno, lo que sea, qué más da, que no soy yo de esos que gustan andar perdiéndose en detalles, qué les voy a contar que no sepan.

Por cierto, ¿conocen vuesas mercedes el cuento de la buena pipa?

Pedro Estudillo

miércoles 19 de agosto de 2009

FANTASÍA DE VERANO

Canto de cuarcita con la palabra “Rodus” tatuada en su piel.


(Por una antigua leyenda sabemos que una vez hubo un niño que llegó a conocer el lenguaje de las piedras.)

…/…

-“Que piedra tan bella” –exclamó el niño, cuando la encontró una tarde en que con otros niños jugaba en una de las terrazas del Guadalquivir.

-¡Cómo “piedra! –bramó con indudable indignación la piedra-.

El niño, sorprendido, abrió sus ojos y la miró fijamente. Sus amigos se estaban alejando…

-“Fue preciso –siguió rugiendo ella- que la Naturaleza, una mañana, estuviese aburrida para que, buscando algo con qué entretenerse, ordenara al “Gran Río” que jugara conmigo un rato.”

-“El resultado del juego del agua fue tan sorprendente que cuando el río acabó su actuación un par de horas después (cinco millones de vuestros mal contados años), la informe piedra que era yo antes se había transformado en un canto rodado de cuarcita tan bello que la propia Naturaleza, al verme, no pudo sino “nombrarme”. Fue así como mi nombre está, desde entonces, tatuado en mi piel. Me llamo “Rodus”; eso es lo que claramente está escrito en mi corteza, pero, claro, tú no lo ves.”

Atónito, el niño nada decía.

-“Y ahora llegas tú, diez millones de años después, pequeño humano insignificante, y sin saber nada me llamas “piedra”… Ay, los humanos nunca aprenderéis…”

El niño, cabizbajo, sin nada que decir, se alejó. Sus ojos, abrumados por el bochorno que sentía, estaban clavados en la tierra.


Sugerente imagen de una madre y sus hijos tomando el sol.


Unos pocos metros más allá, cuando caminaba pensativo, reparó extrañado en otras seis piedras, sin duda una madre y sus hijos, que idénticas en su belleza, habían salido aquella tarde a pasear.
El niño, ahora, ni siquiera se atrevió a abrir la boca cuando contempló el prodigio de la similitud de sus formas. Ellas, no obstante, le dieron las “buenas tardes”.

Fue entonces cuando el niño se prometió que algún día llegaría a conocer el lenguaje de las piedras. Parece que, si creemos lo que dice la leyenda, lo consiguió.

ANTIQVA

lunes 17 de agosto de 2009

UNA VIEJA LEYENDA

Noe- Pronto tendré que irme, anochece. Y creo que ya… no volveré.

Jaime- Por favor, no empieces con eso otra vez. No puedo soportarlo.

Noe- Lo siento, Jaime. Mi padre se ha enterado de que vengo cada tarde a verte. Me ha prohibido que lo haga nunca más.

Jaime- Pero ¡No puede hacerlo! Yo te amo y sé que tu a mi también me quieres. Noe, ¿me quieres, verdad?

Noe- ¿Qué si te quiero? Te amo como nunca lo hice antes, pero ya sabíamos que lo nuestro no tenía futuro… Esto tenía que pasar tarde o temprano… mi gente no comprenderá…

Jaime- ¡No me importa tu gente! Necesito tenerte cerca. Eres… tan… hermosa. No puedo imaginar mi vida sin ver tus cabellos de color cobre, tus ojos grises…

Noe- Por favor… para ya. Me duele.

Jaime- ¿Sabes? Cuando era niño recorría esta misma playa. Pensaba en cómo sería el amor. Planificaba mi vida. Y nunca imaginé que el amor fuera esto…

Noe- Y… ¿Qué es?

Jaime- Venir cada tarde a esperar que aparezcas. Y cuando diviso una mancha lejana de espuma, en el centro del mar, sé que estás ahí. Que ya vienes, y entonces, el corazón se me sale por la garganta…

Noe- Si, mi corazón también galopa sobre el mar. Y, a veces, quisiera correr sobre él, para llegar antes. Quisiera tener unas piernas como las tuyas y caminar a tu lado sobre la arena… Como hacen todos los enamorados. Quisiera amarte como ellos. Tal como tú me has contado. Acogerte entre mis piernas y sentir el azote del placer en mi espalda.

Jaime- No lo entiendes Noe. No necesito hacer el amor contigo. Me basta con tenerte cerca, mirarte y acariciarte para sentir ese azote del que hablas. ¿No lo sientes tú también?

Noe- ¡Pero eso no es todo! No podré darte hijos… No soy una mujer… cada noche he de volver al mar…

Jaime- Nada sería más hermoso que tener un hijo contigo, pero renuncio a eso y a todo lo demás. No puedes abandonarme ahora… ¡Dios! ¿Es que no hay nada que yo pueda hacer? ¿Nadie puede ayudarnos?

Noe- He oído comentar a los míos una historia que quizá…

Jaime- Qué historia, dime…

Noe- Verás, dicen que en el pueblo, ese que está al final de los riscos, vive una mujer muy vieja que, hace años, perdió a su hijo. El se enamoró de una sirena. Dicen que ahora ellos están juntos, que él nunca volvió… Su madre tal vez sepa algo que…

Jaime- Está bien, iré a verla. Es nuestra única esperanza ¿Crees que será posible? ¿No será solo una vieja leyenda?

Noe- No, mi pueblo no miente como los hombres. Si dicen que están juntos… así será…

Jaime- Mañana volveré a buscarte, amor mío. Y, cueste lo que cueste, no volveremos a separarnos.

Pasaron los años y nadie vio a Jaime nunca más… Una suave mañana de primavera, un niño con su abuela pasean por esa misma playa…

- ¡Abuela! Mira que piedra más rara. Parece un hombre ¿Verdad?

- Si hijo, dicen que lo es…

- que es… ¿qué?

- Pues eso, un hombre.

- ¿Y cómo puede ser una piedra un hombre?

- Pues… dicen que él se enamoró de una sirena...

- Abuela… venga, no seas rollo.

- Qué si… escúchame. Te lo voy a contar. Como te he dicho, un hombre se enamoró de una sirena, pero el mar se enfureció. El mar no permite que nadie le robe nada…

- ¿En serio?

- Si, entonces… una noche que él vino a llevársela, le convirtió en roca. Y dicen los viejos del lugar, que cuando por las noches sube la marea, y el mar cubre la roca por completo, se siente seguro y deja que la sirena y el hombre estén juntos, que se amen… Pero cuando el mar ha de retirarse y dejarle libre, vuelve a convertirlo en roca para que no se lleve el corazón de su sirena…

- ¿Por eso parece que mira hacia el mar?

- Si, hijo, mira al mar esperando que llegue, le envuelva y le cubra, y así... poder amar a su sirena…

Natacha.

sábado 15 de agosto de 2009

EL DIBUJANTE MÁGICO

- ¡Niños! –gritó la maestra- ¡Atiéndanme!

Los niños se callaron obedientemente y observaron desde sus pupitres a la joven maestra.

- Vamos a intentar dibujar cada uno de nosotros un globo; como los que vemos en las ferias. El globo más bonito lo pondremos en la pared como parte de un mural que iremos haciendo día a día. ¿Lo habéis entendido?

-¡Siiiiiiii!- contestaron los niños

Juanito dibujó un globo con mucho detalle, se veía el nudo para que no se escapara el gas (porque era de gas, como en la feria) y una cuerdecita para sujetarlo y no se escapara. Ocupaba todo el papel y decidió que tenía que ser rojo. Cuando terminó de colorearlo sujetó el papel con las dos manos y contempló su dibujo. Ante su asombro, el globo salió flotando del papel y se escapó por la ventana.

Al parecer nadie lo había visto; solo él fue testigo de tan asombroso caso y quedó atónito mirando el globo hasta que desapareció tras unos árboles. En ese momento la maestra le dio unos golpecitos en el hombro.

-Juanito, ¿Dónde está tu globo?- preguntó.

-Voló por la ventana- respondió. El aula se llenó de muchas risas.

La maestra le enganchó de una oreja y casi en volandas lo llevó al rincón.

-Está muy feo que desobedezcas, –dijo- pero está peor que me faltes al respeto. Estate mirando a la pared hasta que termine la clase.

Juanito regresó a casa pensando en el globo y muy arrepentido de contar a la maestra cosas increíbles si uno no las ve. Decidió no contárselo a sus padres y, ya en su habitación, cogió un papel en blanco y se puso a pensar en qué dibujaría ahora. Se tocó la oreja sin querer y recordó el doloroso tirón de la maestra, que por cierto, vivía en la casa de enfrente. Entonces decidió vengarse.

Dibujó un clavo, también con mucho detalle, dejando claro que la punta estaba muy afilada. Cuando terminó sacudió el papel y de allí salió un clavo tintineando mientras rebotaba por el suelo; lo recogió y salió a la calle, buscó el coche de la maestra y colocó el clavo bajo la rueda de forma que se clavara al arrancar.

A la mañana siguiente, como la maestra tardaba en llegar, hubo mucho jaleo en clase, y nadie reparó que Juanito llenaba un folio de puntitos negros, muchos puntitos negros y que sacudió el papel en la silla de la maestra, regresando a su pupitre con el papel en blanco.

Al llegar, la maestra se disculpó por la tardanza y se sentó en la silla muy apurada.

- ¿Os acordáis que vamos a hacer un mural?- dijo.

- ¡Siiiii! – respondieron los niños.

- Vamos a poner el globo que ha dibujado Laura, por ser el más bonito de todos.- dijo la maestra, y se levantó para colocar un globo rosita en un lugar estratégico de la pared. Su falda blanca apareció con una gran mancha negra en la parte de atrás, lo que provocó un ‘¡Halaaaa!’ generalizado en los niños. La propia Laurita informó a la maestra del estado de su falda, y salió del aula ante el regocijo de unos cuantos alumnos.

Unos momentos después entró la directora y los mandó callar. Vio el estado de la silla y se la llevó de nuevo para limpiarla, pero regresó en seguida.

- Mientras vuestra maestra va a casa a cambiarse de ropa, vamos a realizar el siguiente dibujo del mural: un pájaro. Por supuesto, volando. El mejor dibujo se pondrá junto al globo. ¡Vamos!
Juanito pensó que esta vez se notaría mucho su magia, por lo que se esmeró en hacer una bonita paloma. La directora paseaba entre las mesas vigilando lo que dibujaban los niños, por lo que procuró ser limpio y cuidadoso. La paloma quedó perfecta, y para que no escapara, levantó la encimera del pupitre y guardó rápidamente el dibujo en la cajonera, con tan mala suerte que la directora vio su movimiento.

-Juanito, ¿Qué escondes en la cajonera?

- Nada, señora directora. He guardado el dibujo.

- No puedes guardarlo; debes entregármelo.- Y se acercó al pupitre- Abre la cajonera, quiero ver lo que escondes.

Como Juanito no se atreviera, la directora se acercó y la abrió ella. De allí salió revoloteando una blanca paloma ante el susto de todos los presentes, y entre gritos de socorro y sollozos, tras varias vueltas sobre sus cabezas, la paloma salió por la ventana y desapareció en la distancia.

Esta vez Juanito llegó a casa con las dos orejas escocidas y muy coloradas. La directora pensó que llevó la paloma para asustar a toda la clase y tras el tirón de orejas le colocó en el rincón de rodillas. Ahora solo pensaba en como vengarse de la directora, dibujaría un enjambre de abejas y metería el dibujo por debajo de la puerta de su despacho justo después de terminarlo, o culebras venenosas o incluso un perro rabioso….

Pero se observó la mano y vio cómo desaparecía, dejó de sentir las piernas y antes de que pudiera protestar desapareció por completo. Después de todo no era más que un dibujo, un personaje de ficción que fue creado con un don que no sabía utilizar haciendo bien y harto de los resultados su creador decidió borrarlo.

Firmado: Tito Carlos

jueves 13 de agosto de 2009

101 DÁLMATAS Y UNA QUE NO LO ERA

Dedicado a mis sobrinos Pamela y Eduardo
año 1997.


Como en todos los cuentos empezamos con:

Había una vez, en un cine, de la Ciudad de Buenos Aires, donde se proyectaba una película de perritos, llamada “101 DALMATAS”.


Se veía desde la pantalla que muchos chicos reían felices, sentados en las butacas de la platea; pero los perritos se dieron cuenta de que no podían llegar hasta ellos. No podían salir de la pantalla.

Por la noche muy tarde…..cuando todo era silencio, lentamente se abrió la lata que guardaba la película, y de la cinta de celuloide comenzaron a escapar uno a uno los 101 Dálmatas….pasaron por las butacas en busca de los chicos, que habían visto por la tarde.
Pero ellos no estaban.

Se fueron por los pasillos…legaron a la puerta de salida.

Allí durmiendo solita, una perrita (que no era Dálmata) estaba en el umbral de la puerta.

Cuando los perritos salieron y vieron que ella dormía, la despertaron para que les diga donde estaban los chicos, que tanto reían esta tarde; la perrita le contestó:

-Yo no lo sé estoy solita, no conozco a nadie no tengo familia ni amigos.

Entonces los Dálmatas la invitaron a recorrer la ciudad en busca de los chicos.

Juntos corrían entre los coches, entre las personas que circulaban por ahí sin verlos.
Corrían…corrían sin parar, algunos doblaron por una esquina, otros por otra.
La perrita de la puerta los perdió, siguió…doblo siguió, siguió….y llego a un lugar donde había mucha agua, rodeando un pedazo de tierra con pasto.

Estaba muy cansada. Tomo agua y se quedo dormida.

A la mañana siguiente ella seguía durmiendo a la sombra de unos chinchorros (pequeños botes) que estaban guardados en unos estantes gigantes.

El lugar donde había llegado era el “Club Náutico Victoria” donde duermen los veleros a la espera de sus dueños.

La despertaron las vocecitas de dos chicos que llegaban al Club.
Eran Pamela y Eduardo.
La perrita abrió los ojos y los vio!!!!

Primero se asustó y trato de ocultarse, pero cuando miro los ojitos de los chicos, que la miraban con tanto amor, que al verla tan linda la llamaron Princesa. Ella, como si los conociera de siempre, salió de su escondite y comenzó a jugar con ellos.

Pasaron los tres, un día único estupendo.

Lamentablemente, llego la hora de irse a casa….ahí comenzaron los problemas.
Princesa comprendió en seguida que algo pasaba y sintió miedo de perder a esos amiguitos que había conocido y que la hacían tan feliz.

Los papas de Pamela y Eduardo les dijeron

–Chicos despídanse del perrito que ya nos vamos.

Y ahí comenzó la suplica.

Los chicos no querían dejarla.

.Por fa, pá !! Deja que la llevemos a casa, esta tan solita!!!!

-NO, dijo el papá, Los animales no pueden vivir en un departamento, se tiene que quedar aquí, va estar mejor.

Los chicos seguían insistiendo.

-Dale mamá háblale a papá que deje que llevemos a Princesa, dijo Pamela

-Si, mamá, suplico Eduardo, la vamos a cuidar nosotros!!!!

Al verla tan chiquita sola y desprotegida a los papas se les ocurrió una idea.

-La llevaremos para que la vea un veterinario y la desparasite (sacar los parásitos) darle las vacunas y el sábado la traemos nuevamente aquí y jugara con ustedes todos los fines de semana.
Y así paso la semana…el sábado, llovía, no la iban a dejar………y el otro fin de semana hacia frió……y la otra semana…….otro sábado, otra excusa y otra y otra……

Hoy Princesa vive feliz con Pamela y Eduardo en el departamento y en los paseos en veleros que realizan los fines de semana con la familia.

Duerme tranquila y segura en su camita, en la cocina del departamento………..sueña….y sueña
-¿Que será de lo 101 Dálmatas que conoció aquella noche?....abran tenido la misma suerte que yo?

¡¡¡¡El haber encontrado una familia que me quiere y ser feliz con ellos!!!!

Paso mucho tiempo, estamos en 2009, Princesa está viejita y sigue viviendo con ustedes.

FIN

María Rosa

martes 11 de agosto de 2009

UN MUNDO MÁGICO


Árboles milenarios de enormes hojas, mecen sus ramas a mi paso. Sonrío y camino por un sinuoso sendero repleto de florecillas que me rodean y bailan a mí alrededor. Una mágica melodía resuena en el bosque. Son los elfos que con sus cantos celebran mi llegada.

Bailo con las florecillas una alegre danza de bienvenida. A ella se suman pequeñas hadas que revolotean alrededor de mi cuerpo haciéndome cosquillas y provocándome sonoras carcajadas.
Las curiosas ardillas se unen al baile y rodamos por el suelo, agotados por tan singular danza. Flores que hablan, elfos, hadas, ardillas y todas las criaturas que puedas imaginar, habitan en el mundo mágico.

Tumbada sobre la hierba y con el sonriente sol sobre mi cuerpo, me sumerjo en un dulce sueño.
Despierto con sobresalto por el ruido de cascos y al mirar hacia la derecha, veo un numeroso grupo de unicornios que se dirigen hacia mí. Me froto los ojos creyendo que es un bello sueño, pero ahí siguen las flores, hadas, ardillas, elfos y unicornios.

Me acerco con cuidado al más hermoso de los unicornios y acariciando su cuello lo monto y emprende una rápida carrera hasta despegar del suelo y volar al sol.

El cielo repleto de unicornios, me acompañan en el viaje y mirando hacia el suelo, puedo vislumbrar hermosas montañas coronadas de nieve, manantiales que brotan de éstas y extensos bosques con millones de colores.

Elfos, duendes, enanos, faunos, hadas van a la carrera siguiendo nuestra dirección. A lo lejos brilla un hermoso castillo como si fuera un hermoso diamante y compruebo al instante que está hecho de las más bellas piedras preciosas que jamás haya visto.

Miles de colores salen del hermoso castillo que ilumina todo el bosque.

Al llegar a él me espera un comitiva de lo más dispar, simpáticos enanos y elegantes elfos, me acompañan hasta la sala donde me espera su rey, un anciano de mirada bondadosa y llena de magia, que me abraza y siento su energía traspasar mi cuerpo.

-¡El mundo en el que vives está en peligro, al perder la ilusión y la alegría!-dijo en tono melancólico.

-¿Qué he de hacer ¿-pregunto intrigada.

-Debes esparcir estos polvos de alegría e ilusión por todo el mundo!-dijo, haciéndome entrega de una gran bolsa.

Al abrirla una oleada de esperanza y alegría me invade, y la cierro al instante.

-¡Procura descansar que tienes un largo viaje de regreso!-dijo el rey.

Los enanos y elfos me acompañan hasta una extensa y amplia sala decorada con un gusto exquisito. Una vez dentro me tumbo en el mullido colchón y caigo en un profundo sueño.

Las luces de la mañana me despiertan y desperezándome, veo que me encuentro en mi habitación. Incorporándome de golpe me entra una gran pena por la belleza del sueño, pero al mirar hacia la mesilla veo un saco y abriéndolo, me doy cuenta que el sueño es una realidad.
Ahora sé que la alegría e ilusión permanecerán en la Tierra y después de una ducha, preparo un enorme macuto con algo de ropa y dinero y, metiendo la bolsa en él, emprendo el largo viaje que me han encomendado.

María José.

domingo 9 de agosto de 2009

EL NIÑO CON DUENDE

Era un pueblecito pequeño, situado en la cúspide de una montaña que miraba al mar y a cuyas faldas mojaban las olas en forma de playa. Si subías por la ladera, atisbabas las casitas blancas tachonadas de azul. Parecían un conjunto de perlas decoradas, depositadas en aquella cima, para deleite visual.

Había una plaza circular vestida de piedra. Se rodeaba de árboles en pleno proceso de crecimiento. Unos bancos forjados de hierro y asientos de madera pintada, circundaban la fuente de la señora del miriñaque; como la llamaban los lugareños.

En uno de esos bancos dio comienzo la vida de Jacobo, el niño con duende.

Petra quedó viuda al mes de estar en cinta, y su soledad se vio mermada con la compañía del deseo. Deseaba ver la carita de ese bebé que le daría la felicidad perdida.

Las labores del huerto, la casa, el embarazo. Petra apenas podía ya consigo misma, así que los vecinos ayudaban en todo lo que podían a esa buena chica, que fue abnegada esposa y pronto sería madre.

Tuvo que sentarse a descansar en aquel banco, pues los dolores avisaron a Petra de la proximidad del alumbramiento. Volvía del puerto de comprar pescado fresco para la cena de aquel día.

Cuentan los habitantes del lugar que acudieron a sus gritos de auxilio, que al llegar, la cabeza del niño asomaba ya. Narraban que tenía los ojos completamente abiertos y parecía sonreír.

Su madre, asustada ante la ausencia de llanto; le propinó un cachete, que le hizo hacer pucheros.
Jacobo nació queriendo saber, o quizá sabiendo…

Al año, hablaba por los codos. A los tres, leía de carrerilla e inventaba historias. Su tamaño era excesivo para su edad, pero todos apreciaban su simpatía y extroversión. Nunca le vieron llorar.

Jacobo tenía duende, comentaban los ancianos del lugar.

Recordaban cuando tocando el abultado vientre de Tulia, habló de dos bebitos en lugar de uno. Asombrados vieron que acertó. O cuando Marcos, el carpintero se quejaba de su mano, sin que nadie diese con su mal. Jacobo tocó, miró y adivinó la pequeña astillita estancada, que producía el daño. Saber y curar fue todo uno.

Y la bella historia de amor, entre Juana la pastelera y Pablo el carnicero, que aún antes de saberla, ya la adivinaron en las miradas cómplices de Jacobo. Fue el encargado de llevar los anillos el día de la boda.

Jacobo además se amigó con las plantas, tanto que salía en busca de las mágicas, como él decía. Y es que con ellas curaba todo tipo de males.

Cuentan que alguna vez le sorprendieron hablándoles y ellas, las plantas, parecían relucir.
De todas partes llegaban las gentes en busca del gigantón, pues a la edad de diecisiete años, medía una enormidad. Sin embargo, ver su níveo rostro cuajado de pecas, su sonrisa perenne y su cabeza coronada de fuego, era ver un angelote tierno y bonachón.

Creció sin darse cuenta.

Un día en el puerto la vio, y no le hizo falta nada más. Se casó con Magdalena, la chica que había estado esperando, y ella tan dulce como su propio nombre, amó a Jacobo desde el momento que lo vio aparecer.

Ese gigante sería su vida, desde aquel preciso instante en que sus miradas se cruzaron. Cuando el vientre de Magdalena germinó, Jacobo ya supo de un niño de pelo negro como la noche. Y en el momento en el que Magdalena fue a advertirle de su nueva paternidad, Jacobo, le habló de una niña de pelo color de fuego como el suyo.

Todos adoraban a ese grandullón, cuya mayor ilusión parecía ser la ayuda a los demás. Nadie lo vio enfadado jamás, ni triste o cabizbajo.

Jacobo había nacido para ser feliz y hacer a los demás.

Aquella tarde de primavera, la lluvia caía finamente mojándolo todo, pero Jacobo se paseó hasta el banco que lo vio nacer.

Allí se sentó cansado, viejo y feliz.

Dicen; que en ese momento en el que Jacobo marchó para siempre con su duende hacia lugares mágicos, el árbol se hizo llorón y triste, el banco hinchó su madera hasta resquebrajarse, la fuente se secó dejando a la señora desvalida…

La plaza nunca volvió a ser la misma.

Todos supieron por qué. Quizá porque ellos mismos, los habitantes de aquel pueblecito que habían tenido la suerte de conocer a Jacobo, se sentían de la misma manera que la plaza…







Marinel

viernes 7 de agosto de 2009

LA NINFA Y EL GUERRERO


Había una vez una ninfa que vivía en un valle frondoso lleno de alegre vegetación y adornado por un río que daba vida a aquella bonita estampa en la que siempre era primavera.

La Ninfa vivía sola en su valle, y apenas era visitada por algunos caminantes, ya que antes de llegar al valle había que atravesar el abismo de los dragones, y sólo unos cuantos osados conseguían llegar hasta allí; eran aquellos que al pasar y ver la hermosura de aquel rincón les entraban unas ganas irrefrenables de instalarse junto con la ninfa, pero desgraciadamente siempre acababan marchándose después de saciar su hambre y su sed, porque aquel lugar acababa antojándose aburrido a fin de cuentas.

Sucedió una mañana que la ninfa estaba lavándose los pies en aquel río, cuya agua cristalina devolvía el paisaje verde de la vegetación, que de repente, sin haber escuchado tan siquiera unos pasos al acercarse, vio reflejada una imagen junto a la de ella en el agua. Entonces la ninfa, lejos de asustarse, posó su profunda mirada sobre el reflejo de aquellos ojos oscuros que la miraban desde el agua; durante un instante en el que los relojes dejaron de marcar todas sus horas y se inmortalizó el tiempo, la ninfa vio pasar ante sí las muchas cicatrices de todas las batallas libradas por aquel guerrero. Pero ella mejor que nadie sabía, que el mejor bálsamo para curar todo tipo de heridas, era el amor, el cariño y la ternura; y de eso ella tenía mucho que ofrecer a aquel guerrero que seguía hipnotizándola desde el agua.

El guerrero acogió con agrado las muchas atenciones de aquella bella ninfa y empezó a sentirse mucho mejor al recobrar todas aquellas cualidades de antaño. Y en sus ojos volvió a brillar aquello que llaman “esperanza”, algo que había perdido batalla tras batalla por mucho que algunas hubiesen terminado en grandiosas victorias.

Los días pasaban y el guerrero se sentía feliz, optimista, confiado, alegre y lleno de vida; y la ninfa descubrió que a medida que iba suavizando las heridas de su amado guerrero, iban cicatrizando las suyas propias; heridas que ella misma tenía escondidas en el fondo de su alma, heridas que nadie había osado descubrir jamás, pero que aquel intrépido guerrero llegó a vislumbrar y a recubrir con el mismo bálsamo, que de la ninfa, había aprendido ha elaborar.

Y así sucedió que aquella ninfa, que era algo marisabidilla, consiguió comprender que aquel guerrero no estaba allí para sanar sus propias heridas, sino para curarla a ella y con ello rescatarla de aquel destierro sin fin, al que voluntariamente se había entregado.

Firma del Autor: Ruth Carlino

miércoles 5 de agosto de 2009

EN BUSCA DE UN TESORO

Esta historia comienza en la casa de Emanuel y de Leandro, son dos chicos muy inquietos y les gustan las aventuras; su abuela Beatriz, les contaba cuentos de piratas y de tesoros escondidos en el fondo del mar.

Un día, Emanuel descubre un mapa, aparentemente de un tesoro escondido en su casa; Leandro que lo acompañaba a todas sus aventuras, le dice – vamos a seguir las pistas—y así descubrir que es el tesoro.


Su abuela Beatriz, ya no vivía en esa casa, pero si había dejado muchas pistas a seguir; el mapa decía comenzar por la habitación de Emanuel, y allí encontrar cuatro llaves muy bien escondidas, para después poder abrir el cofre del tesoro.


Estando en la habitación, Leandro descubre que debajo del piso de parquet había una madera suelta y allí se encontraban las llaves; también se encontró una nueva pista, que decía – busquen en la sala, un libro que tiene el dibujo de una de esas llaves-.

Ya muy entusiasmados con, se dirigen a la sala y comienzan a buscar en la biblioteca, cada rincón y en cada libro; pero se dan cuenta que en la pared hay un pintura de un libro, con el dibujo de la llave; se fijan detrás del cuadro y allí estaba la cerradura.

No salían de su asombro y cada vez mas intriga y entusiasmo por encontrar pistas; pero ya era tarde y estaban tan cansados que necesitaban dormir, que los reponga para seguir su gran búsqueda del tesoro.
A la mañana siguiente, se levantan y salen corriendo para ver que pista seguir; en eso su madre los llama para desayunar, a lo que se niegan ya que estaban muy cerca del tesoro; al abrir la caja fuerte, encuentran la mitad del mapa que les dice que el tesoro está en su patio.

Emanuel, saca la pala del garaje y Leandro trae el mapa, las llaves y las pistas; una vez en el lugar que el mapa marca como que es donde está el tesoro, Emanuel comienza a cavar, hasta que toca con la pala algo de metal; sus ojos brillaban de alegría y Leandro saltaba de contento.

Ya con el cofre en sus manos, probaban las llaves una a una hasta que dieron con la que abría lo abría; se miraban y tenían miedo por saber con que se podían encontrar, pero siguieron y al darle vuelta a la llave se abrió el cofre del tesoro; encontraron caracoles de todos los colores y formas uno más lindo que otro y también un mapa, para otra gran aventura de piratas.



Momentos de la vida. (Fabiana)

lunes 3 de agosto de 2009

LA GRANJA DE MARCOS

Marcos era un granjero muy trabajador.
Todos los granjeros cuidan mucho sus granjas, alimentan a todos los animales que están viviendo allí, limpian y desinfectan sus rincones.
Cada mañana, muy temprano debía levantarse para llevar la comida a los cerdos, las ovejas, las cabras, los conejos y las gallinas. Si alguna vez se acostaba muy tarde, Marcos sabía que nadie se quedaría dormido por la mañana, porque el quiquiriquí del gallo era un despertar que nunca fallaba ¡
Qué despertador raro! ¿no?
Don gallo, apenas veía la primera claridad del día, lanzaba un quiquiriquí que retumbaba en todo lo ancho y largo de toda la granja.

Pero sucedió una mañana algo distinto: todos los animales quedaron dormidos.
¿Qué había pasado?
¡El gallo no los había despertado¡ ¿Por qué?
Ocurrió que don gallo se había resfriado, había quedado afónico, por eso aquella mañana todos los animales se despertaron tarde.
El primero en abrir los ojos, era un cerdito que tenía tanta hambre que con su hocico hizo cosquillas en la panza de mamá chancha, para que le diera la leche. Después se despertaron los demás cerditos,
Pero tanto borrinche hicieron que despertaron a un ternero, también muy hambriento buscó a su mamá vaca.
Luego se despertaron los conejitos, que de apurados, buscando a mama coneja, se confundieron y llegaron hasta el gallinero donde todos los pollitos buscaban a mamá gallina, para que les enseñe dónde buscar insectos y semillas para alimentarse.
Los más lerdos en despertarse fueron los corderos que al correr buscando a su mama perdieron parte de su vellón en el alambrado de la granja .
La verdad es que no parecía una granja normal y todo esto porque don gallo no pudo despertar a los animales.
Entonces se reunieron todos los animales d e la granja y decidieron buscar al veterinario para curar a don gallo.
Además, entre todos tejieron una bufanda para cuidar su garganta Después de tomar el remedio pudo volver a despertar tempranito con su quiquiriquí a todos los animales de la granja.



El gato ñato

El gato ñato,
no era un gato cualquiera,
no se parecía a ninguno, siquiera
porque era de una rata ,amigo
y además le gustaban los higos.
El gato ñato
con su raro olfato
no jugaba con ovillos de lana
sí con la cola
de la rata vegetariana.
La rata no se disgustaba,
era amiga de un gato
y dormía en un zapato,
sin cordón y bien chato.




STELLA MARIS TABORO

sábado 1 de agosto de 2009

EL CASTILLO ESTÁ A PUNTO...

Queridos todos, aquí estamos de nuevo, "en casa".
Dejad que suelte todo esto...



Hemos descansado, recorrido el mundo (bueno, solo un cachito), nos pudimos relajar unos días en una de nuestras pequeñas residencias... Un humilde castillo en Escocia, un lugar fresco y donde se respira paz...

¡Ah! ¿Qué queríais venir...? Pues hombre.... haberlo dicho. Había cientos de habitaciones libres y comida para un ejército... bueno... la próxima vez será... (je. je).

Hemos cargado las pilas, con nuevos proyectos y nuevas ilusiones, que esperemos que se cumplan, al menos parte de ellas. Con esa intención retomamos la actividad.

El lunes 3 de agosto comenzamos con la publicación de los textos pertenecientes al tema; "Cuento Infantil" que harán las delicias de todos, seguro.

Os damos la bienvenida. El castillo está abierto, limpio y repleto de todo tipo de provisiones... besos, cariño, atención y sobre todo esa amistad que nos une desde hace tantos meses...

El puente levadizo bajado, y la puerta abierta, así como nuestros brazos, para recibiros con un cálido saludo,

Emig y Natacha.